Zirui Wu Tianxia como vínculo clave para la cooperación de China con Argentina en el contexto de la reglobalización  
Tianxia como vínculo clave para la  
cooperación de China con Argentina en el  
contexto de la reglobalización  
Tianxia as a key link for China’s cooperation with  
Argentina in the context of reglobalisation  
Tianxia como elo chave para a cooperação da China com  
Argentina no contexto da reglobalização  
1
Zirui Wu  
DOI: 10.5752/P.2317-773X.2025v13.n2.p199  
Enviado em: 18 de outubro de 2024  
Aceito em: 12 de novembro de 2025  
RESUMEN  
En este trabajo se explora la relación bilateral entre China y Argentina desde la  
perspectiva de la reglobalización china, con el propósito de comprender más  
a fondo las oportunidades y desafíos futuros de la cooperación entre ambos  
países, a partir de una reinterpretación de la noción de Tianxia. Dada la trans-  
formación del rol de China en la globalización tradicional y su ascenso como  
centro del poder mundial, Argentina, como país del Sur Global, se ve inevitable-  
mente involucrada en la cadena global de producción liderada por China. A me-  
dida que el comercio y las inversiones de China en Argentina se han ampliado,  
Argentina ha consolidado su posición como país periférico en esta cooperación,  
lo que ha suscitado preocupación entre los académicos, especialmente por la  
posibilidad de que China intente replicar el modelo tradicional de cooperación  
de Europa y Estados Unidos en Argentina.  
Palabras clave: cooperación sino-argentina; sistema Tianxia; reglobalización  
china; cooperación internacional; relaciones internacionales;  
ABSTRACT  
This paper explores the bilateral relationship between China and Argentina  
from the perspective of Chinese reglobalisation, with the aim of gaining a  
deeper understanding of the future opportunities and challenges of cooperation  
between the two countries, based on a reinterpretation of the notion of Tian-  
xia. Given the transformation of China’s role in traditional globalisation and its  
rise as the center of world power, Argentina, as a country of the Global South,  
is inevitably involved in the global production chain led by China. As China’s  
trade and investment in Argentina has expanded, Argentina has consolidated its  
position as a peripheral country in this cooperation, which has raised concerns  
1. Zirui Wu, doctorando en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Salamanca.Forma parte del Grupo  
de Investigación sobre Cooperación Sur-Sur de la Red Española de Estudios del Desarrollo (REEDES). con  
199  
estudos internacionais • Belo Horizonte, ISSN 2317-773X, v. 13, n. 2, (jun. 2025), p. 199-215  
among scholars, especially about the possibility of China attempting to replicate  
the traditional European and US model of cooperation in Argentina.  
Keywords: China-Argentina cooperation; Tianxia system; Chinese reglobalisa-  
tion; international cooperation; international relations;  
RESUMO  
Este artigo explora a relação bilateral entre a China e a Argentina a partir da  
perspetiva da reglobalização chinesa, com o objetivo de aprofundar a compre-  
ensão das oportunidades e desafios futuros da cooperação entre os dois países,  
com base numa reinterpretação da noção de Tianxia. Dada a transformação  
do papel da China na globalização tradicional e a sua ascensão como centro  
do poder mundial, a Argentina, como país do Sul Global, está inevitavelmente  
envolvida na cadeia de produção global liderada pela China. Com a expansão do  
comércio e do investimento da China na Argentina, este país consolidou a sua  
posição de país periférico nesta cooperação, o que tem suscitado preocupações  
entre os académicos, nomeadamente quanto à possibilidade de a China tentar  
replicar na Argentina o modelo tradicional de cooperação da Europa e dos  
Estados Unidos.  
Palavras chave: cooperação China-Argentina; sistema Tianxia; reglobalização  
chinesa; cooperação internacional; relações internacionais.  
1 INTRODUCCIÓN  
Cuatro décadas después de la implementación de la política de re-  
forma y apertura, China ha conseguido un resultado fructífero tanto en  
el ámbito económico como en el político. Por un lado, adoptando una  
postura pragmática y una política de desarrollo basada en el paradigma  
de “Gobierno + Mercado”, China, apoyada en su ventaja comparativa en  
mano de obra, ha aprovechado los recursos provenientes de la globaliza-  
ción tradicional para realizar una transformación industrial de alto valor  
agregado y mejorar su dotación de infraestructuras (Lin; Wang, 2017).  
Por otro lado, frente a la crisis orgánica de la globalización neolibe-  
ral expuesta desde 2008 y el impacto de la corriente de desglobalización  
representada por el trumpismo en la agenda de desarrollo internacional  
(Domínguez, 2020), el gobierno de Xi Jinping ha comenzado a construir  
proactivamente alternativa a la globalización neoliberal, denominada por  
Wang y Cao (2021) como reglobalización. Y la cooperación económica y  
comercial entre China y Argentina en el siglo XXI constituye una encar-  
nación concreta de este proceso histórico.  
Sin embargo, en el contexto del sistema capitalista global, las acti-  
vidades de China enfrentan una profunda resistencia en su implementa-  
ción práctica en Argentina. El actual presidente argentino, Javier Milei,  
como líder de un partido de ultraderecha, ha heredado profundamente  
en términos de sistema político e ideología un sistema teórico y discur-  
sivo que abarca todo el espectro ideológico eurocéntrico, considerando  
la cooperación Sur-Sur (CSS) de China como una continuación del le-  
gado político del peronismo, e intentando remodelar las relaciones con  
Washington para regresar a la órbita estratégica neoliberal. Esta dilución  
de la voluntad política de desacoplamiento no puede eludir la asimetría  
200  
Zirui Wu Tianxia como vínculo clave para la cooperación de China con Argentina en el contexto de la reglobalización  
en las relaciones económicas y comerciales entre Argentina y China y  
la reformulación del modelo centro-periferia, así como las acusaciones  
contra China respecto al objetivo de Argentina de alcanzar un desarrollo  
independiente y autónomo (Bernal-Meza, 2021; Da Gama; Bui, 2022). A  
pesar de que algunos académicos intentan utilizar las teorías chinas de re-  
laciones internacionales que están arraigadas en la cultura autóctona chi-  
na, resulta difícil que constituya desde la perspectiva de China como país  
semiperiférico una superación de la estructura centro-periferia (Babones,  
2017; Zhao, 2005; Zhao, 2021).  
Este trabajo intenta complementar la explicación del concepto del  
sistema Tianxia sobre la CSS de China desde una perspectiva crítica del  
capitalismo global, y busca combinarlo con la teoría de la dependencia  
para construir una perspectiva de análisis sintética de asimetría aceptable  
y analizar las oportunidades y desafíos de la cooperación económica y co-  
mercial entre China y Argentina. Para ello, se opta por una metodología  
de investigación cualitativa que combina literatura académica y documen-  
tos oficiales. En cuanto a la planificación del trabajo, se divide en cuatro  
apartados. En el primero, se repasa brevemente el contexto y la definición  
de la reglobalización china; en el segundo, se clarifica la relación entre la  
teoría del sistema Tianxia y la teoría de la dependencia, así como el marco  
de esta perspectiva integral; en el tercero, se analizan los principales pila-  
res de la reglobalización y los elementos reflejados por el Tianxia; y, en el  
cuarto, se sinteriza la relación de China con Argentina desde el siglo XXI y  
el desarrollo de la cooperación estratégica entre ambas partes. Por último,  
el trabajo cierra con las conclusiones y una reflexión final.  
2 EL CONTEXTO DEL DESARROLLO GLOBAL Y LA DEFINICIÓN DE LA  
REGLOBLALIZACIÓN CHINA  
En un artículo de portada de la revista The Economist publicado en  
2025, se representaba a Trump cortando la relación de Estados Unidos  
con el mundo con una sierra bajo el título Make China Great Again. Este es-  
logan encapsula con precisión una lógica de atribución popular en las re-  
laciones internacionales contemporáneas que el trumpismo, como repre-  
sentante de la corriente neoconservadora de derecha, es la causa principal  
del colapso del orden de la globalización neoliberal y de la fragmentación  
del desarrollo global.  
No obstante, un análisis riguroso, como subraya Michelsen (2023),  
exige deconstruir esta atribución causal. El trumpismo debe ser interpre-  
tado no como el origen de la fragmentación global, sino como la manifes-  
tación política más visible de una crisis orgánica más profunda, inherente  
al capitalismo contemporáneo. Desde el fin de la Guerra Fría, la lógica del  
sistema ha estado dominada por una oligarquía financiera cuyo motor ya  
no es la inversión productiva, sino la extracción de rentas imperialistas  
(Amin, 1977) mediante la expansión global de un modo de producción  
desanclado de toda restricción social, moral o política (Vadell, 2023). Este  
proceso ha reducido el desarrollo en el Sur Global a un resultado pre-  
determinado por las leyes del mercado, generando el fenómeno de cre-  
cimiento sin desarrollo y convirtiendo los mecanismos de cooperación  
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liderados por Occidente en herramientas para la perpetuación del sistema  
centro-periferia.  
Por ello, desde la crisis económica de 2008, los países emergentes,  
con China a la cabeza, han comenzado a explorar rutas de globalización  
alternativas. Si bien algunos autores lo interpretan como un mero “efec-  
to expansivo y optimizador” del orden existente (Wang; Cao, 2021), una  
perspectiva crítica-marxista ofrece una lectura más profunda. Vadell y  
Jabbour (2024) lo conceptualizan como un contramovimiento histórico,  
cuya lógica interna está anclada en la especificidad de la formación eco-  
nómico-social china. No se trata, pues, de una simple reforma, sino de la  
proyección de un todo orgánico —que articula modo de producción, rela-  
ciones Estado-sociedad y arreglos institucionales— como una alternativa  
sistémica a la globalización neoliberal. Un proyecto cuyos instrumentos  
vertebradores son la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) y la Iniciativa  
para el Desarrollo Global (IDG).  
El creciente protagonismo de China en el sistema mundial reside,  
en efecto, en su respuesta performativa a los dilemas generados por el  
Consenso de Washington. El éxito del denominado Consenso de Beijing  
no solo ha proporcionado al Sur Global un modelo de desarrollo alternati-  
vo, sino que ha estimulado un descontento estructural con el orden exis-  
tente. Sin embargo, el análisis de los bienes públicos globales que China  
provee se enfrenta a un impasse teórico: los marcos convencionales —  
desde la Teoría de la Dependencia hasta la Transición de Poder— son  
criticados por pertenecer a una genealogía teórica eurocéntrica (Hobson,  
2024). Consecuentemente, tienden a interpretar a China a través del úni-  
co prisma disponible: el de una potencia hegemónica en ascenso (Stalling,  
2021). Dicho posicionamiento se fundamenta en su indiscutible peso eco-  
nómico, su contribución al crecimiento global y su capacidad para mol-  
dear relaciones a través de múltiples mecanismos de poder.  
Frente a este encuadre teórico, y como advirtiera Samir Amin  
(1986), las transiciones históricas solo pueden analizarse a posteriori. La  
propia formación económico-social china —una economía socialista de  
mercado— es conceptualizada como una compleja fase transicional en-  
tre la lógica de acumulación capitalista y una teleología socialista aún  
no resuelta. Es precisamente para navegar esta ambigüedad que Beijing,  
sobre la base de la CSS, ha comenzado a movilizar estratégicamente su  
poder blando, anclándolo en factores culturales y su experiencia histó-  
rica (Domínguez, 2023). La directriz de Xi Jinping (2022) de arraigar la  
cooperación internacional en la excelente cultura china es explícita: se  
trata de una operación consciente para dar forma a una concepción de la  
cooperación con características propias. Esta operación asume los sím-  
bolos culturales tradicionales —con el sistema Tianxia como el más re-  
presentativo— para reforzar una narrativa de legitimidad interna y una  
autoconfianza estratégica diferenciada (Staiano, 2023; Zhang, 2012). Los  
atributos de la reglobalización, por tanto, deben ser entendidos como el  
resultado de una doble proyección: la del Estado-nación (la CSS) y la del  
Estado civilizado (cultura autóctona).  
La Teoría del Sistema-Mundo advierte, no obstante, que este pro-  
ceso podría no alterar la arquitectura central del capitalismo global, sino  
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meramente instalar un nuevo garante. Sin embargo, ignorar las oportuni-  
dades de movilidad ascendente que China introduce para los países peri-  
féricos, como sugiere Li (2016), sería un error analítico. En consecuencia,  
y para superar el impasse teórico descrito, este trabajo propone un marco  
de análisis sintético: la asimetría aceptable. Combinando la potencia crí-  
tica de la Teoría de la Dependencia con la lógica relacional del sistema  
Tianxia, esta perspectiva busca explicar precisamente cómo China y los  
países del Sur Global negocian la tensión entre dependencia y oportuni-  
dad en el interregno de la reglobalización.  
3 EL SISTEMA TIANXIA Y LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA: UNA  
RELACIÓN DE COOPERACIÓN ACEPTABLE PERO DESIGUAL  
Desde el inicio del siglo XXI, el auge del Oriente Global ha venido  
acompañado de un renacimiento civilizatorio y una autoconciencia cul-  
tural en Asia Oriental (Sun, 2023), lo que ha llevado a que la mirada global  
se focalice en esta región antigua, históricamente considerada como el  
centro económico y político mundial. Como un líder importante en el  
antiguo sistema de Asia Oriental, la reinterpretación moderna del sistema  
Tianxia, basada en el pensamiento confuciano, refleja la orientación de  
valor de la política exterior con características chinas y la construcción de  
su sistema narrativo de discurso global (Lemus-Delgado, 2020).  
Según Zhao (2005), Tianxia pertenece a China, pero el sistema  
Tianxia es del mundo. Estos investigadores contemporáneos del sistema  
Tianxia, basados en la normatividad confuciana, sostienen firmemente  
que este sistema es la mejor alternativa que China ofrece para la reconfi-  
guración del orden global, ya que refleja una insatisfacción con el neoim-  
perialismo desde la perspectiva del sistema-mundo capitalista. Esto se  
debe a que la invariancia de la ideología dominante bajo el sistema-mun-  
do capitalista, caracterizado por el imperialismo, no puede alcanzar un  
estado global de una orientación hacia el bienestar de toda la humani-  
dad, aspirando a un estado perpetuo de paz universal (Amin, 2007; Amin,  
2011; Qian; Ye, 2017), y distorsiona la ley de la evolución universal del ser  
humano como sujeto histórico desde una perspectiva de desarrollo. Esto  
no es lo que requieren los principios de beneficio mutuo y compatibilidad  
universal del orden mundial, ni constituye una condición necesaria para  
la solidaridad y el desarrollo autónomo en el verdadero sentido del Sur  
Global (Yao, 2019).  
Desde esta perspectiva, el Tianxia es presentado como una ideolo-  
gía poscolonial con la capacidad de efectuar una superación civilizatoria  
del sistema Westfaliano, trascendiendo su lógica de conflicto soberano.  
Su objetivo es diseñar una postura internacional que refleje los valores co-  
munes de la humanidad, articulada sobre un principio de maximización  
de la cooperación y minimización del conflicto (Zhao, 2021). Al hacerlo,  
el sistema Tianxia busca proveer a la política global de China de una justi-  
ficación de legitimidad moral no-hegemónica (Qin, 2012), diferenciándola  
programáticamente de las potencias occidentales.  
A pesar de su potencia normativa, la teorización contemporánea  
del Tianxia adolece de una abstracción filosófica que limita su poder  
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explicativo. Este idealismo (Bell, 2016), al operar en un plano transregio-  
nal, corre el riesgo de la irrelevancia analítica frente a la asimetría objetiva  
que caracteriza la CSS de China en el sistema capitalista global (Banones,  
2017; Zhao, 2021). Para que el Tianxia funcione, por tanto, como un siste-  
ma de discurso global efectivo, exige una puesta a tierra dialéctica, es de-  
cir, su puesta en correlación con la Teoría de la Dependencia. Lejos de ser  
una yuxtaposición forzada, esta articulación es históricamente coherente.  
Ambas perspectivas —la dependencia como pensamiento crítico marxis-  
ta y el Tianxia como sabiduría intrínseca a la modernidad no-occidental  
(Yao, 2019)— constituyen las dos caras de la misma moneda crítica del  
desarrollo: construyen una oposición conjunta a la explotación del capital  
imperialista y a la narrativa eurocéntrica. Dicha correlación responde,  
además, a una doble necesidad contemporánea: por un lado, la demanda  
de un modelo de desarrollo alternativo y por otro, el imperativo geoes-  
tratégico del Sur Global en el contexto de la competencia entre China y  
Estados Unidos. La construcción de esta perspectiva, por tanto, no es un  
mero ejercicio utópico, sino la forja de una utopía realista: un marco que  
debe anclarse en el mundo real de las interacciones recíprocas y las con-  
tradicciones materiales que definen el ascenso del Sur Global.  
LaarticulaciónentreelsistemaTianxiaylaTeoríadelaDependencia  
no es una mera yuxtaposición teórica, sino que encuentra su punto de  
anclaje conceptual en la cuestión de la legitimidad fáctica del desarrol-  
lo. Como argumentara Amin (1977), el modo de producción del Tianxia  
representa la formación precapitalista más madura precisamente porque  
su singularidad radicaba en una base económica anti-alienación: una alta  
unificación de productores, medios de producción y productos del traba-  
jo. Este desarrollo endógeno, fundamentado en la producción agrícola  
familiar, evitó la valorización ilimitada del capital y forjó una conciencia  
política que priorizaba la economía real. Dicha base material, a su vez,  
determinó una relación única Estado-sociedad en la que el Estado, para  
asegurar su propia base de gobierno, se veía compelido a actuar como  
principal inversor del sector agrícola. Esta estructura generó un contrato  
social de facto centrado en el pueblo (Minbenismo), donde la garantía  
del bienestar popular —”cuando los graneros están llenos, el pueblo ob-  
serva normas de conducta”— se erigía como el núcleo de la legitimidad  
del régimen. Es precisamente este fundamento material compartido, que  
es una crítica a la alienación capitalista y una priorización del desarrollo  
endógeno, lo que explica la convergencia teórica de ambas perspectivas  
en su oposición a la explotación imperialista y a la narrativa eurocéntrica.  
Al respecto, Amin (1977, p.53) señala:  
La clase estatal que se organizó a escala nacional no era, a pesar de  
las nociones ampliamente sostenidas, particularmente despótica…tenía  
en cuenta el interés público y organizaba obras públicas de gran utili-  
dad…el poder del estado, que era característico de estas formaciones en  
su condición desarrollada, daba al modo de pago de tributo una clara  
dominancia dentro de ellas.  
Este modelo de desarrollo inspira el retorno de los valores socia-  
listas centrados en el pueblo y el desarrollismo de Estado, al tiempo que  
satisface el esquema teórico de la perspectiva de la dependencia para que  
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los países de desarrollo tardío alcancen la equiparación económica dentro  
2
del contexto de la CSS de China .  
Partiendo de la legitimidad del desarrollo como eje conceptual co-  
mún, la relación asimétrica de China con el Sur Global revela su dinamis-  
mo. La clave analítica para comprenderlo se encuentra en la lógica com-  
pensatoria del sistema tributario histórico, donde la paz duradera se arti-  
culaba sobre un mecanismo en el que la igualdad informal contrarrestaba  
la desigualdad formal. Kang (2010) deconstruye este mecanismo como  
una reciprocidad asimétrica que descansaba sobre tres pilares interconec-  
tados, derivados de la combinación de la autoridad legítima y el poder  
material de China. El primer pilar era político-estratégico: el compromiso  
creíble y el autocontrol moral del centro aliviaban el dilema de seguridad  
de los estados subordinados (Yan, 2016). El segundo era material-econó-  
mico: la provisión de una base material sólida por parte de China gene-  
raba una legitimidad por desempeño que garantizaba tanto el desarrollo  
periférico como la estabilidad de sus élites gobernantes. El tercer pilar era  
normativo-cultural: un sistema de valores confucianos compartidos otor-  
gaba un significado estable y un propósito constructivo a la desigualdad  
inherente al orden. Es la conjunción de estos tres factores lo que consti-  
tuía, y define para este trabajo, una relación de asimetría aceptable.  
En consecuencia, la lógica de la asimetría aceptable se operaciona-  
liza en la praxis contemporánea de la CSS china. Al examinar su funcio-  
namiento en el sistema capitalista global, se constata que China enfrenta  
una desigualdad formal ineludible, producto de su disparidad de poder  
objetiva (tamaño económico, nivel tecnológico, influencia geopolítica).  
La implementación del Tianxia, por tanto, no busca negar esta asimetría,  
sino contrarrestarla activamente a través de la institucionalización de una  
serie de mecanismos de igualdad informal. En este contexto, la desigual-  
dad formal se define como la presión estructural inherente al sistema ca-  
pitalista global, generada por las brechas objetivas de poder (económico,  
industrial, tecnológico y geopolítico) que prefiguran una asimetría rela-  
cional. En contraposición, la igualdad informal no niega esta brecha, sino  
que opera como una praxis contrahegemónica. Su objetivo es resignificar  
la cooperación en el plano político y cultural, de modo que, adhiriendo a  
principios comunes como la CSS, se contrarreste activamente la presión  
estructural para construir una relación de facto igualitaria.  
Estos mecanismos se despliegan sobre los mismos tres pilares anali-  
zados previamente. A nivel político, los Cinco Principios de Coexistencia  
Pacífica y la no injerencia funcionan como un compromiso de liderazgo  
moral que garantiza la autonomía del Sur Global. A nivel económico, el  
enfoque en la transformación estructural (Lin; Wang, 2017) busca satis-  
facer las estrategias de desarrollo endógeno de los socios, creando capaci-  
dades y promoviendo su autosuficiencia. Finalmente, a nivel normativo,  
se articula una orientación de valor centrada en el pueblo y anclada en los  
2. Como mencionó Xi Jinping en 2019 en el Cuarto Pleno del XIX Comité Central del Partido Comunista de  
China, «las políticas socialistas con características chinas y su sistema de gobernanza tiene un profundo fun-  
damento histórico. Su esencia radica en la afirmación del minbenismo y de que la moralidad debe prevalecer  
sobre los códigos de leyes, usando para educar a los pueblos»;  
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principios de la CSS. El sistema Tianxia, por tanto, no debe ser entendido  
como un modelo a exportar, sino como el paradigma orientador que pro-  
vee la matriz para una praxis internacional diferenciada, buscando dise-  
minar una normatividad alternativa en el período poscolonial.  
4 LA REGLOBALIZACIÓN: DESDE IFR HASTA LA IDG  
El binomio paz-desarrollo ha constituido el eje vertebrador de la  
agenda internacional de China. Su política de cooperación evidencia una  
fuerte continuidad que se extiende desde la Conferencia Afroasiática de  
Bandung en 1955 hasta la reciente IDG, articulando un mensaje central:  
sin paz no hay desarrollo y, a su vez, el desarrollo funge como facilitador  
de la paz. Este planteamiento es coherente con la noción de “comunidad  
de futuro compartido para la humanidad” y se erige como pilar para la  
construcción de lo que Beijing ha definido como un “nuevo tipo de rela-  
ciones internacionales basadas en el respeto mutuo, la equidad, la justicia  
y la cooperación ganar-ganar” (Xinhua, 2017).  
Frente al escenario de desglobalización y la reconfiguración del or-  
den mundial, el presidente Xi Jinping presentó la GDI ante la 76ª Asamblea  
General de las Naciones Unidas en septiembre de 2021. La iniciativa busca  
alinear la cooperación china con la Agenda 2030, acelerando la imple-  
mentación de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (Dueñas, 2024). De  
forma simultánea, la GDI representa una estrategia de multilateraliza-  
ción de la cooperación internacional con un marcado énfasis en el Sur  
Global, buscando articular un consenso entre estos países para transitar  
hacia un desarrollo global “más robusto, más verde y más equilibrado”  
(Xinhua, 2021).  
La adopción de la IDG puede interpretarse como una manifestación  
del escepticismo de Beijing sobre la validez de las estrategias de desarrollo  
occidentales (Mulakala, 2022). En el contexto del proyecto de reglobali-  
zación que China aspira a liderar (Domínguez, 2023), la transición de su  
cooperación desde la IFR hasta la IDG resulta coherente. La IFR, descrita  
como una “nueva fase incluyente de la globalización” (Domínguez, 2023),  
se fundamenta en una política de desarrollo que, mediante la prolifera-  
ción de la cooperación regional, busca promover el paradigma chino y  
corregir los desequilibrios del desarrollo global. En ese sentido, Beijing  
sostiene que la implementación conjunta de la IFR y la IDG constituye  
una vía eficaz para promover los intereses comunes de la humanidad  
(Lin; Wang, 2017; Zhang, 2022).  
La IFR no solo responde a imperativos de la política exterior y la es-  
trategia económica de China, sino que también ha servido para construir  
la plataforma estratégica sobre la cual se despliega la IDG. Ambas iniciati-  
vas corren en pistas paralelas (Mulakala, 2022), implicando un reajuste que  
representa una transición: se transita desde un modelo de cooperación (la  
IFR) centrado en el poder material y orientado a la exportación de capacidad  
instalada, hacia uno (la IDG) más enfocado en el desarrollo “centrado en la  
gente” y la “coexistencia armoniosa” con la naturaleza. Esto responde a la  
necesidad de China de buscar el upgrading de su política de Cooperación  
Sur-Sur (CSS) para reforzar su poder inteligente (Domínguez, 2023).  
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Así, mientras la fase inicial de la IFR fue cuestionada por privilegiar  
la cantidad sobre la calidad de los proyectos, con los consecuentes impac-  
tos socioambientales y de vulnerabilidad fiscal en los países receptores  
(Domínguez, 2023; Lin; Wang, 2017; Slipak, 2014), la IDG busca absorber  
a nivel de valores y estrategia las connotaciones del pensamiento relacio-  
nal del Tianxia y del materialismo histórico. De este modo, Beijing repo-  
siciona el propósito de su modelo de CSS, planteando una superación del  
desarrollismo occidental (capital-céntrico) mediante una concepción de  
desarrollo (pueblo-céntrica).  
El desarrollo centrado en el pueblo, uno de los seis principios de la  
IDG, funge como eje discursivo y núcleo legitimador del modelo chino,  
tal y como fue reafirmado en el XX Congreso Nacional del PCC. La alo-  
cución de Xi Jinping sobre el pueblo como creador de la historia y el pro-  
pósito fundamental del Partido de servir al pueblo”presenta una fuerte  
continuidad doctrinal (Zhang, 2022).  
Dicha continuidad se refleja en los libros blancos sobre cooperación  
internacional de 2014 y 2021, los cuales priorizan la mejora de los medios  
de vida y el beneficio tangible para la gente común como objetivo de la  
acción exterior china. Esta imbricación entre la gobernanza interna y la  
proyección internacional puede analizarse desde la perspectiva del realis-  
mo moral: la confianza de la comunidad internacional en una potencia  
no se genera si esta no demuestra ser responsable primero de sus propios  
intereses nacionales (Yan, 2016). En la narrativa de Beijing, el bienestar de  
su población es la máxima expresión de ese interés nacional, sirviendo así  
como fundamento de su credibilidad y legitimidad externas.  
Adhiriéndose a una orientación de valor centrada en el desarrollo y  
la creación de capacidades, China consolida su rol como pionera de la CSS.  
Esta política, caracterizada por el pragmatismo y la precisión (Lin; Wang,  
2017), ha experimentado un upgrading institucional con la creación de la  
Agencia China de Cooperación Internacional para el Desarrollo (CIDCA)  
en 2018. La materialización de esta estrategia es evidente: a fines de 2023,  
el stock de inversión directa en los países de la IFR superó los 300 mil  
millones de dólares, mientras el volumen de negocios de proyectos con-  
tratados alcanzó casi los 2 billones de dólares (INVESTMENT REPORT,  
2023). En paralelo, China ha impulsado la multilateralización de su coo-  
peración mediante la creación del Fondo de Asistencia para la CSS en  
2015, el cual fue refundado y ampliado con 1.000 millones de dólares adi-  
cionales en el marco del Diálogo de Alto Nivel sobre el Desarrollo Global  
de 2022 (CIDCA, 2022). Dicho fondo ha financiado más de 180 proyectos  
en 60 países, beneficiando a más de 30 millones de personas (CIKD, 2025).  
Este modelo se contrapone a las narrativas del G7, que recurren al  
meme fabricado en Occidente de la trampa de deuda (Brautigam, 2020)  
para desacreditar los resultados de la IFR. Frente a la autolimitación que  
el enfoque neoliberal impone a la cooperación del CAD-OCDE, la re-  
globalización de China se sustenta en una tipología de relaciones inter-  
nacionales —basada en los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica y  
el binomio paz-desarrollo— que rechaza las condicionalidades políticas.  
Más allá, debido al enfoque especial en la ventaja comparativa, que se  
beneficia a los países en desarrollo realizar upgrading industrial, China  
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pretende establecer un mecanismo de cooperación horizontal, de modo  
que la interacción entre China y el Sur se caracteriza por una colabora-  
ción multiforme y de beneficio mutuo, a través de un modelo innovador  
de aprendizaje conjunto y transformación concertada (Lin; Wang, 2017).  
Todo ello se desarrolla en el contexto de la competencia estratégi-  
ca que Estados Unidos ha intensificado mediante políticas de contención  
y coerción económica, como la estrategia de Friendshoring, con el fin  
de obstruir el ascenso de China como potencia emergente. Esta ofensi-  
va ha socavado el equilibrio previo (denominado Chinese Money and  
American Policy), forzando a Beijing a reconfigurar sus herramientas de  
poder. Para superar su dilema de ascenso, China debe complementar su  
poder material con un emprendimiento normativo que intensifique el  
diálogo político con el Sur Global.  
Aquí es donde opera el realismo moral: la clave para asegurar el  
respaldo estratégico de la comunidad internacional radica en que el nue-  
vo orden promovido por China atienda los intereses y necesidades de los  
países en desarrollo, ofreciendo bienes públicos globales y valores percibi-  
dos como más justos, en superación de la orientación eurocéntrica del or-  
den internacional basado en reglas de Washington (Yan, 2015; Yan, 2024).  
El gobierno de Xi Jinping ha interpretado esta tendencia histórica,  
promoviendo la IDG como el componente esencial de su esfuerzo por  
reformar la gobernanza global. Como señala Cheng (2021), la asociación  
de China con el Sur Global (notablemente el G77) sigue siendo la caracte-  
rística clave de su política exterior, manifestada en una oposición común  
al injusto orden internacional establecido por los países centrales. Así,  
mediante la IFR y la IDG, China no busca comprar apoyos, sino construir  
coaliciones para la acción colectiva, ofreciendo condiciones ventajosas y  
mecanismos innovadores de cooperación al Sur Global.  
La IDG proyecta un enfoque universalista enraizado en la filo-  
sofía relacional e incluyente del Tianxia, ajena a la idea de hegemonía  
(Domínguez, 2023). Este enfoque permite a China abordar el sesgo es-  
tructural hacia el Norte que prevalece en el sistema internacional. La  
creación del Grupo de Amigos de la IDG en Naciones Unidas (Progress  
Report on the Global Development Initiative 2023) refuerza este com-  
promiso. Representa un ejercicio de poder blando basado en un enfoque  
relacional que busca la consecución de consensos, distanciándose de la ló-  
gica competitiva y de suma cero que caracteriza la diplomacia occidental.  
La esencia de esta comunidad no es solo de intereses, sino de res-  
ponsabilidad. Los mecanismos de la IDG, basados en la “consulta, contri-  
bución y beneficios compartidos” (Xinhua, 2023b), reinterpretan el prin-  
cipio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” (Staiano, 2023;  
Wang; Cao, 2023; Yan, 2024). Cada país asume un nivel de responsabili-  
dad acorde a su capacidad, promoviendo una distribución equitativa de  
los bienes públicos globales. Esto representa un esfuerzo consciente por  
redefinir las dinámicas de poder. En suma, la IDG es fundamental para  
posicionar a China como la única fuerza capaz de articular una nueva  
globalización contrahegemónica, incentivando lo que Amin (2010) deno-  
minó el “segundo despertar del Sur.  
208  
Zirui Wu Tianxia como vínculo clave para la cooperación de China con Argentina en el contexto de la reglobalización  
5 TIANXIA COMO VÍNCULO DE LA COOPERACIÓN CHINA CON  
ARGENTINA EN EL SIGLO XXI  
Frente a la creciente centralidad de China en la cadena de produc-  
ción global, Argentina —una economía semiperiférica marcada por la  
desindustrialización y las crisis recurrentes de deuda— ha enfrentado  
una volatilidad endémica en sus políticas de desarrollo. Esta fragilidad  
estructural ha condicionado su acción exterior. Con la excepción de las  
administraciones iniciales de derecha, los sucesivos gobiernos han adop-  
tado un pragmatismo diplomático, adhiriendo a los principios de la CSS  
y evitando confrontaciones ideológicas, a cambio de acceso a la financia-  
ción china y la expansión del comercio bilateral.  
Por consiguiente, la interacción bilateral ha sido eminentemente  
geoeconómica. El milagro sin precedentes del cambio estructural chino,  
con su correlato de urbanización y expansión de la clase media, ha gene-  
rado una demanda masiva de productos primarios (Lin, 2017). Esto ha  
consolidado un patrón de comercio asimétrico pero mutuamente benefi-  
cioso, donde Beijing prioriza la seguridad de recursos (alimentos y mate-  
rias primas) de Sudamérica para satisfacer las necesidades de su mercado  
interno (Oviedo, 2015).  
Como resultado, la densidad de esta relación asimétrica se profun-  
dizó en la segunda década del siglo XXI. Entre 2020 y 2022, China absor-  
bió el 8.7% de las exportaciones argentinas y proveyó el 20.9% de sus im-  
portaciones (CEPAL, 2023). Sin embargo, esta interdependencia refuerza  
la inserción periférica de Argentina: las exportaciones clave se concentran  
en commodities (soja, carne bovina, cebada, sorgo y aceite de soja). La de-  
manda china (que ascendió a 7.140 millones de dólares en importaciones  
desde Argentina en 2021) incentiva los precios de estos productos, pero a  
la vez refuerza la reprimarización de la economía argentina, limitando su  
upgrading industrial (CEPAL, 2023).  
Paralelamente, la Inversión Extranjera Directa china ha experi-  
mentado un salto cualitativo. Entre 2020 y 2023, Argentina se convirtió  
en un destino principal de la IED china en la región, alcanzando 10.411  
millones de dólares (frente a los 2.998 millones del período 2015-2019),  
generando 16.940 empleos (Peters, 2024). Esta afluencia de capital, crucial  
para la financiación del desarrollo en un contexto de exclusión de los mer-  
cados de capital occidentales, se dirige predominantemente a sectores es-  
tratégicos funcionales a la exportación de capacidad instalada de Beijing  
y a la consolidación de su seguridad alimentaria.  
Este empirismo comercial, sin embargo, ha puesto de relieve la asi-  
metría estructural que caracteriza la relación sino-argentina dentro del  
sistema capitalista global. El persistente superávit chino y su exportación  
de bienes de media y alta tecnología profundizan la tendencia a la repri-  
marización de la economía argentina, haciendo que su canasta exporta-  
dora se asemeje a un patrón decimonónico, lo que genera serias dudas  
sobre sus perspectivas de upgrading industrial.  
No obstante, la gobernanza macroeconómica argentina ha estado  
condicionada por la necesidad de controlar la inflación. Desde esta pers-  
pectiva, la exportación de commodities agropecuarios a China constituye  
209  
estudos internacionais • Belo Horizonte, ISSN 2317-773X, v. 13, n. 2, (jun. 2025), p. 199-215  
una estrategia geoeconómica de corto plazo. El pragmatismo económico  
dicta que el fortalecimiento de esta cooperación permite la importación  
de manufacturas a un coste inferior al de la producción local (López,  
2024), mitigando presiones inflacionarias, al tiempo que la capacidad del  
sector agrícola genera un flujo vital de divisas. De acuerdo con la Nueva  
Economía Estructuralista (Lin; Wang,2017), esta estrategia permitiría a  
Argentina utilizar el comercio con China para lograr la acumulación de  
capital necesaria para una eventual modernización industrial.  
Con el despliegue de la Iniciativa de la IFR en América Latina, el  
gobierno de centroderecha de Mauricio Macri buscó con pragmatismo  
renegociar los términos de esta relación asimétrica. Se hizo evidente que  
la cooperación bilateral no podía sustentarse únicamente en el comercio  
tradicional (Lin, 2017), lo que abrió la posibilidad de avanzar hacia una  
asociación estratégica desigual, pero capaz de generar nuevos espacios de  
cooperación siguiendo los principios de la CSS de China.  
De hecho, la rápida expansión de China no se limita a una visión  
económica, sino que se fundamenta en una estrategia integral para la  
reconfiguración de su poder global. Esta perspectiva coincide con el pro-  
yecto de reglobalización de Beijing, el cual avanza más allá de la esfera  
económica hacia ámbitos políticos y de poder inteligente. En el contexto  
de esta reglobalización, las relaciones sino-argentinas comienzan a incor-  
porar los elementos filosóficos del sistema Tianxia. Como indica Jorquera  
Mery (2021), la clave para esta integración es la cooperación multinivel.  
Mediante este mecanismo, China busca establecer una relación armónica  
y relacional (económica, política y cultural), reforzando el reconocimien-  
to de una identidad común (Sur-Sur) como vehículo de su poder blando y  
facilitando la adaptación de Argentina a un orden alternativo al hegemó-  
nico occidental.  
En este sentido, en el fortalecimiento de su cooperación multini-  
vel con Argentina, Beijing ha mantenido consistentemente su identidad  
dual: por un lado, como país del Tercer Mundo y, por otro, proyectan-  
do su rol de gran potencia responsable. Esta narrativa busca promover  
el desarrollo conjunto y los “beneficios mutuos” (ganar-ganar). Como  
enfatizó Xi Jinping en su reunión con Alberto Fernández durante la III  
Cumbre de la IFR (2023), siendo ambos “importantes países en desar-  
rollo”, China y Argentina deben intensificar su alianza para servir de  
modelo a la solidaridad y cooperación entre los países del Sur Global  
(Ministerio Exteriores, 2023).  
La institucionalización de esta alianza estratégica global, acordada  
en 2014, se profundizó e integró en el proyecto de reglobalización chino  
con la ratificación formal de la adhesión de Argentina a la IFR en 2022  
(Cancillería Argentina, 2022). La declaración conjunta de ese año subraya  
la confianza mutua y la ampliación de la cooperación en el ámbito de  
economía, comercio, agricultura, ciencia y tecnología, intercambio de di-  
visas y cultura.  
Sin embargo, el eje vertebrador de esta asociación trasciende lo me-  
ramente geoeconómico para adentrarse en lo geopolítico. Se materializa  
en un apoyo recíproco sobre cuestiones de soberanía que son centrales  
para ambos Estados: Beijing apoya firmemente la reclamación argentina  
210  
Zirui Wu Tianxia como vínculo clave para la cooperación de China con Argentina en el contexto de la reglobalización  
sobre las Islas Malvinas, mientras que Buenos Aires adhiere al principio  
de “Una Sola China” respecto a Taiwán. Más aún, ambas partes coordinan  
activamente sus posiciones en plataformas multilaterales como el G20,  
buscando amplificar la voz de los países en desarrollo y abogando por una  
reforma del sistema financiero internacional que desafíe la dominación  
del Norte Global. Es precisamente esta convergencia —la construcción  
de una coalición para la acción colectiva— la que forja una cosmovisión  
estratégica compartida y una confianza política que trasciende la mera  
transacción económica (Lin, 2023).  
Adicionalmente, la exclusión de Argentina de las instituciones fi-  
nancieras occidentales derivada de su histórica crisis de deuda generó un  
déficit crónico en la financiación de infraestructuras a gran escala, resul-  
tando en una crisis energética. China ha llenado este vacío. Los acuerdos  
de 2014, cuya piedra angular fue el préstamo de 4.7 mil millones de dó-  
lares de un consorcio bancario como CDB, ICBC, Banco de China para  
la construcción de las centrales hidroeléctricas en el Río Santa Cruz, a  
cargo del Grupo Gezhouba, son un claro ejemplo de esta provisión de  
bienes públicos que Occidente, por su autolimitación neoliberal, no pue-  
de ofrecer. Este proyecto, que aumentará la capacidad instalada en un  
6.5%, y otros dirigidos a subsanar el obsoleto sistema logístico del país,  
son funcionales tanto a la competitividad exportadora argentina como a  
la seguridad de recursos china.  
Esta cooperación geoeconómica se extiende al ámbito moneta-  
rio, como parte del proceso de desdolarización del Sur Global. China y  
Argentina acordaron un swap de divisas por 18.5 mil millones de dóla-  
res en 2020 (La Nación, 2023), ampliado con un tramo de 5.000 millones  
en 2023. Aunque la internacionalización del RMB enfrenta limitaciones  
técnicas (la apertura incompleta de la cuenta de capital) (Iglesias and  
Agote, 2023), su atractivo geopolítico es innegable. A diferencia del dólar,  
la financiación china rechaza las condicionalidades políticas neoliberales.  
Esto convierte al swap en una alternativa tangible a la hegemonía del dó-  
lar, aliviando la presión sobre las reservas argentinas y fomentando el uso  
de arquitecturas financieras paralelas como el CIPS.  
Considerando la asimetría estructural de la relación, la estrategia  
de Argentina y China consiste en aprovechar las plataformas multilate-  
rales del Sur Global para fortalecer su cooperación y, a la vez, construir  
coaliciones para la acción colectiva que reequilibren el poder global. Esto  
constituye el vórtice del sistema Tianxia (Zhao, 2021): una filosofía rela-  
cional e incluyente. El poder normativo de este sistema se basa en el para-  
digma Do As I Do (Gabrieca; Qin, 2024), donde China proyecta su propio  
modelo de desarrollo como un bien público, permitiendo a los países del  
Sur enfocarse en el desarrollo colectivo. El discurso de Alberto Fernández  
(CASA ROSADA, 2023), apoyando explícitamente la IDG como una “lógi-  
ca cooperativa” para enfrentar desafíos comunes, confirma la adhesión de  
Argentina a este emprendimiento normativo.  
Este emprendimiento institucional fue evidente en la III Reunión  
Ministerial del Foro China-CELAC. Wang Yi posicionó la IDG como un  
reflejo de los intereses comunes de ALC, buscando su participación proac-  
tiva en una nueva era de relaciones de igualdad, pluralismo, y beneficio  
211  
estudos internacionais • Belo Horizonte, ISSN 2317-773X, v. 13, n. 2, (jun. 2025), p. 199-215  
mutuo. Esto sitúa a ALC como una plataforma crucial para la reglobali-  
zación china, perfilando a Beijing como un líder conectivo y no hegemó-  
nico en la CSS y logrando una multilateralización de facto de su coope-  
ración. Este multilateralismo no compite con las estructuras regionales  
existentes, sino que se alinea con ellas y aprovecha sus fortalezas (CASA  
ROSADA, 2023). Asimismo, la propuesta de la IFR y la IDG facilitan que  
Argentina aproveche sus ventajas comparativas en las redes agrícolas y  
los recursos minerales, configurando una relación interdependiente y  
mutuamente beneficiosa con otros países de la región, con el objetivo de  
alcanzar la autosuficiencia colectiva de los países latinoamericanos.  
CONCLUSIÓN  
A través del análisis de la evolución dinámica de las relaciones si-  
no-argentinas, este trabajo ha argumentado que la asimetría aceptable  
emerge como un marco analítico central para comprender la interacción  
de China con el Sur Global. Se constata que la desigualdad formal fue  
pragmáticamente aceptada por Argentina en tanto esta asociación satis-  
facía sus necesidades estratégicas, proveyendo financiación para el desar-  
rollo allí donde el orden internacional liberal y sus condicionalidades la  
negaba. A diferencia de las teorías occidentales sobre la naturaleza impe-  
rialista de la globalización, la IDG, inspirada en la filosofía relacional del  
Tianxia, proyecta una narrativa de desarrollo colectivo y armónico que  
busca superar los enfoques desarrollistas tradicionales.  
No obstante, este proyecto filosófico se enfrenta a las lógicas com-  
petitivas de la Nueva Guerra Fría entre China y Estados Unidos. En este  
escenario de paz inestable, Tianxia no es suficiente para que países como  
Argentina se desprendan de la presión bipolar. Esto conduce a los países  
subalternos a un cálculo pragmático: su alineamiento dependerá menos  
de la “sinceridad” de las motivaciones chinas que de la capacidad material  
de Beijing para proveer eficazmente bienes públicos globales que den so-  
lución a sus dilemas de desarrollo.  
El discurso oficial de China intenta ofrecer una respuesta sistémica.  
El libro blanco La cooperación internacional al desarrollo de China en la  
nueva era remonta sus motivaciones a las raíces culturales de Tianxia y  
subraya su historia de internacionalismo y humanitarismo en apoyo a los  
países en desarrollo (CHINA-SCPRC, 2021).  
Frente a esta demanda pragmática, el discurso oficial de China  
ofrece una respuesta sistémica, que sitúa su acción exterior en una con-  
tinuidad histórica de internacionalismo y humanitarismo (el Espíritu de  
Bandung), legitimada por las raíces culturales del Tianxia. Pero la res-  
puesta más contundente es el emprendimiento institucional. Sobre la  
base de las iniciativas de Desarrollo, Seguridad y Civilización, China ha  
propuesto la “Iniciativa para la Gobernanza Global” (2025) (Ministerio  
Exteriores, 2025).  
Esta última iniciativa busca institucionalizar su proyecto de re-  
globalización, articulando un orden alternativo al basado en reglas de  
Washington. Sus conceptos centrales como igualdad soberana, multi-  
lateralismo real y pragmatismo están diseñados para salvaguardar los  
212  
Zirui Wu Tianxia como vínculo clave para la cooperación de China con Argentina en el contexto de la reglobalización  
intereses del Sur Global y consolidar la imagen de China como un provee-  
dor de bienes públicos globales y promotor de la “comunidad de futuro  
compartido”.  
Por lo tanto, la reflexión de fondo, en el marco del sistema capita-  
lista global, es la dialéctica entre el proyecto de reglobalización de China  
(con el Tianxia como software filosófico) y las demandas materiales del  
Sur Global. La cuestión vital es si la conexión entre el pensamiento autóc-  
tono chino y los principios de la Cooperación Sur-Sur será suficiente para  
evitar que la acción exterior de China, en su ascenso como cuasi-centro  
del sistema mundial, termine por reproducir las mismas prácticas impe-  
riales y de dualismo envolvente que hoy critica.  
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