estudos internacionais • Belo Horizonte, ISSN 2317-773X, v. 13, n. 2, (jun. 2025), p. 54-76
esta última, se ha identificado usualmente al deporte como un medio de
proyección de soft power, o poder blando, entendido como aquella expre-
sión de poder que no utiliza la coerción como forma de condicionar las
acciones de otros actores. Este poder blando a través del deporte puede
expresarse por medio de dos formas distintas: un alto desempeño depor-
tivo o la realización exitosa de eventos de gran impacto (Grix; Houlihan,
2014). El presente trabajo hace foco en esta segunda forma, los megaeven-
tos deportivos, buscando un análisis conceptual que permita clarificar
algunos aspectos analíticos del poder blando como estrategia, en parti-
cular en referencia a la distinción entre la dimensión de poder y otro tipo
de objetivos. En definitiva, se trata de determinar si hay una dimensión
de poder cuando se piensa en megaeventos deportivos, y diferenciar el
poder blando de la mera promoción turística, visibilidad internacional, o
construcción de marca país.
Desde la primera década del siglo XXI es posible encontrar traba-
jos dedicados al uso de eventos deportivos, como los Juegos Olímpicos
y las Copas Mundiales de Fútbol, como herramientas de poder blando.
Dentro de estos, destacan los estudios que han analizado al conjunto de
los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), considerados como
estados emergentes que, gracias al crecimiento económico y creciente in-
fluencia regional de inicios de siglo, habrían buscado presentarse como
interlocutores válidos frente a las potencias occidentales. Dichos trabajos
coinciden en concluir que la realización de megaeventos deportivos por
parte de cada uno de estos países habría seguido estrategias de política
exterior tendientes a la búsqueda de, por un lado, el reconocimiento de
un nuevo estatus y, por otro, la solución a problemas de reputación, uti-
lizando al deporte como medio de proyección de valores (García, 2007;
Viera; Pereira; Pinto; Pires, 2011; Grix; Lee, 2013; Schausteck; Marchi;
Pike, 2014; Grix; Houlihan, 2014; Pulleiro, 2016; Grix; Brannagan, 2016;
Grix, Brannagan; Lee, 2019; Bettine, 2024).
También encontramos análisis que utilizan el concepto de poder
blando a través de la proyección deportiva para explicar casos indivi-
duales, desde países pequeños hasta potencias regionales y globales. Por
lo general, estos estudios relacionan la proyección deportiva de poder
blando con la búsqueda de reconocimiento internacional. Entre los ejem-
plos, están Cuba, que busca ser vista como un actor cooperativo (Huish,
Carter; Darnell, 2013); Kosovo, que intenta ser reconocido como Estado
por otras naciones (Brentin; Tregoures, 2016); Hungría, con objetivos di-
plomáticos regionales (Garamvölgyi; Dóczy, 2021); Tailandia, que quiere
obtener reconocimiento a través de un arte marcial admirado global-
mente (Jones; Theerawong, 2021); Brasil, que intenta destacar como una
potencia regional (Schausteck, Marchi; Pike, 2014); China, que trabaja
para ser identificada con el fútbol, considerado el deporte más popular
dominación (Ver, sobre nacionalismo: Houlihan (1997), Alabarces, Branz & Zucal (2024), Chaeroni et al (2024);
imperialismo: Mangan (1998), Besnier, Brownell & Carter (2018), Lee & Ok (2022); raza: Denham (2005),
Carrington (2010), Hartmann (2012), Nauright & Wiggins (2017); género: Archetti (1995), Meier, Konger &
Krieger (2017), Flores et al (2020), Molnár & Bullingham (2022)). Mientras todas estas constituyen fenómenos
relevantes de la relación entre política y deporte, nuestro foco analítico se centra especificamente en el rol del
deporte en la política externa.
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