estudos internacionais • Belo Horizonte, ISSN 2317-773X, v. 13, n. 2, (jun. 2025), p. 54-76  
Poder blando y megaeventos deportivos:  
hacia una propuesta de precisión  
conceptual y analítica  
Poder brando e megaeventos esportivos: uma proposta de  
refinamento conceitual e analítico  
Soft power and sports mega-events: towards a Proposal  
for Conceptual and Analytical Clarity  
1
Bruno Rivas Frías  
2
Ignacio Javier Cardone  
DOI: 10.5752/P.2317-773X.2025v13.n2.p54  
Enviado em: 19 de outubro de 2024  
Aceito em: 17 de outubro de 2025  
RESUMEN  
El presente artículo aborda la conceptualización del poder blando en el ámbito  
de los megaeventos deportivos. Frente a la falta de claridad conceptual observada  
en la literatura sobre poder blando y deporte, se propone una definición más pre-  
cisa que permitan su estudio de modo más adecuado. El análisis se basa en una  
revisión crítica de las contribuciones de Joseph Nye y otros autores, identificando  
tres componentes esenciales del poder blando: estatus, influencia y estrategia.  
Estos componentes se aplican a la organización de megaeventos deportivos, reve-  
lando que la ausencia del componente estratégico en muchos estudios previos ha  
llevado a confusiones con otras formas de acciones simbólicas, como la promo-  
ción turística o la construcción de marca-país. El artículo concluye destacando la  
necesidad de incluir el componente estratégico para diferenciar adecuadamente  
el poder blando de otras acciones no coercitivas en el contexto de los megaeven-  
tos deportivos. A través de este refinamiento conceptual, se busca proporcionar  
una base más sólida para futuras investigaciones sobre el uso político de los me-  
gaeventos deportivos y desarrollar una agenda de investigación más exhaustiva,  
que permita una comprensión más matizada de las dinámicas involucradas en su  
proyección y en la construcción de poder en el ámbito internacional.  
Palabras clave: Poder blando, megaeventos deportivos, teoría liberal, estrategia  
política, estatus internacional, influencia.  
1. Magíster en Estudios Culturales por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y Máster en Escritura  
Creativa por la Universidad de Salamanca. Docente Ordinario Auxiliar del Departamento de Comunicaciones de la  
ón doctoral realizada en el Programa de Posgrado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la PUCP.  
2. Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de San Pablo y el King’s College London. Profesor  
Tiempo Completo del Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP),  
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Bruno Rivas Frías, Ignacio Javier Cardone Poder blando y megaeventos deportivos: hacia una propuesta de precisión conceptual y analítica  
RESUMO  
O presente artigo analisa a conceptualização do poder brando no contexto dos  
megaeventos esportivos. Diante da ambiguidade conceitual encontrada na lite-  
ratura sobre poder brando e esporte, o artigo propõe uma definição mais clara  
que facilite um estudo mais eficaz. A análise se baseia em uma revisão crítica das  
contribuições de Joseph Nye e de outros estudiosos, identificando três compo-  
nentes-chave do poder brando: status, influência e estratégia. Esses componen-  
tes são aplicados à organização de megaeventos esportivos, ressaltando como  
a ausência do componente estratégico em muitos estudos anteriores pode ter  
levado a confusões com outras ações simbólicas, como a promoção turística e a  
construção de marca-país. O artigo conclui enfatizando a importância de incluir  
o componente estratégico para distinguir adequadamente o poder brando de  
outras ações não coercitivas no âmbito dos megaeventos esportivos. Através  
desse refinamento conceitual, busca-se estabelecer uma base mais sólida para  
pesquisas futuras sobre o uso político dos megaeventos esportivos e desenvol-  
ver uma agenda de pesquisa mais abrangente, que permita uma compreensão  
mais aprofundada das dinâmicas envolvidas em sua projeção e na construção de  
poder no cenário internacional.  
Palavras-chave: poder brando, megaeventos esportivos, estratégia política,  
status internacional, influência  
ABSTRACT  
This article explores the conceptualization of soft power within the context of  
sport mega-events. Given the conceptual ambiguity found in the literature sur-  
rounding soft power and sports, the article proposes a clearer definition that fa-  
cilitates a more effective study of soft power and sport mega-events. The analy-  
sis draws on a critical review of the contributions from Joseph Nye and other  
scholars, identifying three key components of soft power: status, influence, and  
strategy. These components are applied to the organization of mega-events, hi-  
ghlighting how the absence of a strategic component in many previous studies  
has led to confusion with other symbolic actions, such as tourism promotion  
and nation branding. The article concludes by emphasizing the importance of  
incorporating the strategic component to effectively distinguish soft power from  
other non-coercive actions in the realm of mega-events. Through this concep-  
tual refinement, we aim to establish a solid foundation for future research on  
the political implications of mega-events and to develop a more comprehensive  
research agenda that enables a deeper understanding of the dynamics involved  
in their projection and the shaping of international power.  
Keywords: soft power, sports mega-events, political strategy, international  
status, influence  
1 INTRODUCCIÓN  
A pesar de que, en el sentido común, no se suela vincular al de-  
porte con la política, las conexiones entre estos dos ámbitos, en especial  
desde la masificación del deporte, son bien conocidas (Caspistegui, 2012;  
Dunning, 1992). El aspecto político del deporte ha sido analizado tanto en  
referencia a la promoción del nacionalismo y la cohesión interna, como  
en su dimensión de expresión externa, sea en términos del imperialismo,  
3
la globalización o, más comúnmente, la política exterior . Al respecto de  
3. En la literatura, se relaciona al deporte con aspectos como la raza, género y los vínculos coloniales de  
55  
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esta última, se ha identificado usualmente al deporte como un medio de  
proyección de soft power, o poder blando, entendido como aquella expre-  
sión de poder que no utiliza la coerción como forma de condicionar las  
acciones de otros actores. Este poder blando a través del deporte puede  
expresarse por medio de dos formas distintas: un alto desempeño depor-  
tivo o la realización exitosa de eventos de gran impacto (Grix; Houlihan,  
2014). El presente trabajo hace foco en esta segunda forma, los megaeven-  
tos deportivos, buscando un análisis conceptual que permita clarificar  
algunos aspectos analíticos del poder blando como estrategia, en parti-  
cular en referencia a la distinción entre la dimensión de poder y otro tipo  
de objetivos. En definitiva, se trata de determinar si hay una dimensión  
de poder cuando se piensa en megaeventos deportivos, y diferenciar el  
poder blando de la mera promoción turística, visibilidad internacional, o  
construcción de marca país.  
Desde la primera década del siglo XXI es posible encontrar traba-  
jos dedicados al uso de eventos deportivos, como los Juegos Olímpicos  
y las Copas Mundiales de Fútbol, como herramientas de poder blando.  
Dentro de estos, destacan los estudios que han analizado al conjunto de  
los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), considerados como  
estados emergentes que, gracias al crecimiento económico y creciente in-  
fluencia regional de inicios de siglo, habrían buscado presentarse como  
interlocutores válidos frente a las potencias occidentales. Dichos trabajos  
coinciden en concluir que la realización de megaeventos deportivos por  
parte de cada uno de estos países habría seguido estrategias de política  
exterior tendientes a la búsqueda de, por un lado, el reconocimiento de  
un nuevo estatus y, por otro, la solución a problemas de reputación, uti-  
lizando al deporte como medio de proyección de valores (García, 2007;  
Viera; Pereira; Pinto; Pires, 2011; Grix; Lee, 2013; Schausteck; Marchi;  
Pike, 2014; Grix; Houlihan, 2014; Pulleiro, 2016; Grix; Brannagan, 2016;  
Grix, Brannagan; Lee, 2019; Bettine, 2024).  
También encontramos análisis que utilizan el concepto de poder  
blando a través de la proyección deportiva para explicar casos indivi-  
duales, desde países pequeños hasta potencias regionales y globales. Por  
lo general, estos estudios relacionan la proyección deportiva de poder  
blando con la búsqueda de reconocimiento internacional. Entre los ejem-  
plos, están Cuba, que busca ser vista como un actor cooperativo (Huish,  
Carter; Darnell, 2013); Kosovo, que intenta ser reconocido como Estado  
por otras naciones (Brentin; Tregoures, 2016); Hungría, con objetivos di-  
plomáticos regionales (Garamvölgyi; Dóczy, 2021); Tailandia, que quiere  
obtener reconocimiento a través de un arte marcial admirado global-  
mente (Jones; Theerawong, 2021); Brasil, que intenta destacar como una  
potencia regional (Schausteck, Marchi; Pike, 2014); China, que trabaja  
para ser identificada con el fútbol, considerado el deporte más popular  
dominación (Ver, sobre nacionalismo: Houlihan (1997), Alabarces, Branz & Zucal (2024), Chaeroni et al (2024);  
imperialismo: Mangan (1998), Besnier, Brownell & Carter (2018), Lee & Ok (2022); raza: Denham (2005),  
Carrington (2010), Hartmann (2012), Nauright & Wiggins (2017); género: Archetti (1995), Meier, Konger &  
Krieger (2017), Flores et al (2020), Molnár & Bullingham (2022)). Mientras todas estas constituyen fenómenos  
relevantes de la relación entre política y deporte, nuestro foco analítico se centra especificamente en el rol del  
deporte en la política externa.  
56  
Bruno Rivas Frías, Ignacio Javier Cardone Poder blando y megaeventos deportivos: hacia una propuesta de precisión conceptual y analítica  
del mundo (Leite Júnior; Rodriguez, 2017; Connell, 2018); y Suecia, que  
gracias a sus deportistas descendientes de inmigrantes se presenta inter-  
nacionalmente como una sociedad integradora (Shaltaev, 2019).  
Por otro lado, desde la literatura también se ha mostrado como la  
realización de megaeventos deportivos puede llegar a producir efectos  
negativos, como en el caso de la organización de la Copa Mundial de  
Fútbol realizada en Qatar, donde acusaciones de violaciones a derechos  
humanos realizadas durante la etapa de organización del megaevento  
terminó afectando negativamente la reputación del país (Brannagan;  
Giulianotti, 2018).  
Así, puede reconocerse el crecimiento de la literatura que analiza el  
efecto político de los megaeventos deportivos, vinculando el poder blan-  
do con la proyección de imagen o con la búsqueda de estatus por parte de  
un Estado, brindando una mirada plural y amplia sobre esta cuestión. Sin  
embargo, más allá de los importantes aportes a nivel casuístico y empíri-  
co, ninguno de estos estudios ha definido de manera clara al poder blan-  
do, a modo de distinguirlo de otras acciones vinculadas con el posiciona-  
miento internacional. Por lo tanto, aunque estos trabajos han abonado  
a los estudios sobre la relación entre política y megaeventos deportivos,  
aún falta precisión en la conceptualización del poder blando.  
En particular, falta una clara definición de qué es lo que distingui-  
ría la realización de un megaevento como base de una estrategia de poder  
blando de otras formas de proyección internacional que no incluyen ne-  
4
cesariamente una dimensión de “poder” , tales como la búsqueda de pu-  
5
blicidad, la promoción turística, o la construcción de una “marca país” .  
Sin tal posibilidad de distinción conceptual en términos del poder blando  
como forma de poder, el concepto pierde tanto la posibilidad clara de dis-  
tinción a nivel empírico (Lekakis, 2019), como la utilidad heurística que  
podría tener como forma diferenciada de ejercicio del poder.  
Por otro lado, en la literatura no existen diferenciaciones analíticas  
para casos de naturalezas muy distintas. A excepción de algunas consi-  
deraciones sobre el “tamaño” del país, no se han establecido categorías  
basadas en dimensiones analíticas que permitan identificar o clasificar  
diferentes tipos de estrategias de poder blando. Cuestiones como la posi-  
ción al respecto del orden hegemónico y el carácter ascendente, estable o  
6
descendente dentro del orden internacional , deberían sumarse a la con-  
sideración sobre el tamaño del país, para ser consideradas en la construc-  
ción de una categorización de estrategias de poder blando que permita un  
refinamiento conceptual.  
Buscando contribuir con una propuesta que pueda llenar este vacío  
y servir de guía para futuras investigaciones del área, el presente trabajo  
proporciona un análisis crítico del concepto de poder blando aplicado a  
los megaeventos deportivos por medio de una relectura de las elaboracio-  
nes de Nye y otros autores. Esto requiere desglosar el concepto para iden-  
tificar sus diferentes componentes y dimensiones, enfatizando el aspecto  
4. Un aspecto incluso poco elaborado por el propio Nye.  
5. Estos objetivos pueden ser parte de una estrategia de poder blando, pero no deberían confundirse con este.  
6. Consideraciones al respecto aparecen en Grix; Brannagan; Lee (2019), pero no como parte de un modelo analítico.  
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de poder y separándose, incluso, de las definiciones originales propuestas  
7
por Joseph Nye .  
Para ello, el artículo presenta cuatro secciones, incluída la presente  
introducción: la segunda sección discute la cuestión del poder y el poder  
blando, postulando una redefinición del concepto con sus dimensiones  
constitutivas a nivel empírico—estatus, influencia y estrategia—, junto  
con una propuesta de clasificación tipológica; la tercera sección discute la  
idea del poder blando en el caso específico de los megaeventos deporti-  
vos, avanzando en la determinación de aspectos que puedan orientar un  
estudio más concreto en la base a algunas definiciones operacionales; y  
la cuarta sección presenta una reflexión final al respecto del concepto de  
poder blando y su utilidad para el estudio de las finalidades políticas de  
los megaeventos deportivos.  
2 REDEFINIENDO AL PODER BLANDO COMO FORMA DE PODER  
En términos de su definición abstracta, siguiendo a Max Weber, po-  
demos definir al poder como la probabilidad de imponer la propia volun-  
tad sobre otro, incluso frente a cualquier tipo de resistencia (Weber, 1996,  
p.43). Así entendido, el poder se define por medio de un elemento relacio-  
nal que determina la potencialidad de imposición de un actor sobre otro,  
8
sin importar el origen o fundamento de tal relación . En otras palabras,  
no existe poder como elemento objetivo, ni el poder precisa ser efecti-  
vamente ejercido para contar como tal (basta que sea una probabilidad).  
La idea de imposición de la propia voluntad sobre otros incluye que  
el actor que ejerce el poder lo haga siguiendo algún tipo de racionalidad  
como fundamento de su acción —ya que la idea de voluntad requiere de  
una definición propia de objetivos y/o preferencias— y que esta acción  
sea orientada hacia un “otro” significativo —es decir que tenga la inten-  
cionalidad de imponer algún tipo de “reacción”.  
Adicionalmente, el concepto determina que debe existir algún tipo  
de asimetría que permita a un actor imponer su voluntad sobre otro, in-  
cluso frente a la resistencia del segundo. Pero tal definición nada dice  
sobre dónde reside tal asimetría, qué medios se utilizan para expresar esa  
probabilidad, o cómo es justificado el acto de imposición. De este modo,  
el poder puede incluir diversos medios y formas de expresión. Eso incluye  
la posibilidad de que una relación social establezca una forma de poder  
que se base en la admiración y el seguimiento.  
En Relaciones Internacionales, debido al carácter anárquico del  
sistema internacional — es decir, carente de una autoridad central que  
pueda oficiar de garante de reglas y ejecutora de sanciones —, el poder  
7. Si bien esto ha sido pensado para el caso de los megaeventos deportivos, tal redefinición puede tener  
alcances que va más allá del deporte.  
8. Existen debates en torno a la naturaleza objetiva o relacional del poder. Robert Dahl (1957) y Max Weber  
(1996) destacan su carácter relacional y la dificultad de medirlo objetivamente, mientras Susan Strange (2004)  
introduce la noción de poder estructural, de carácter objetivo, que garantiza el ejercicio del poder (pp.24-29).  
Si bien el poder blando podría ser identificado parcialmente con este poder estructural—en particular, con el  
control sobre el conocimiento, las creencias y las ideas—esto vale apenas para sus aspectos distributivos.  
Incluso cuando un actor se vale de estructuras para ejercer el poder, la búsqueda de condicionamiento de las  
acciones de los otros indica, en última instancia, su carácter relacional.  
58  
Bruno Rivas Frías, Ignacio Javier Cardone Poder blando y megaeventos deportivos: hacia una propuesta de precisión conceptual y analítica  
ha sido visto, normalmente, desde sus expresiones más impositivas, vin-  
culadas con el poderío militar y económico. Sin embargo, a lo largo del  
tiempo, también han surgido miradas que han intentado complejizar esa  
perspectiva y proporcionar una visión alternativa que destaque la posi-  
bilidad de formas más “benignas” de poder, como ha sido el concepto  
de soft power, o poder blando, desarrollado por el famoso teórico liberal  
Joseph Nye.  
Este autor ha contribuido a ampliar la concepción del poder más  
allá de su dimensión material — sin negarla — al incorporar la dimensión  
simbólica como un ámbito de expresión y disputa de las relaciones entre  
Estados (Nye, 1990). Surgido en la década de 1990, el poder blando estu-  
vo originalmente vinculado al intento de explicar cómo Estados Unidos  
podía mantener su posición hegemónica sin recurrir de manera perma-  
nente al uso de la fuerza. Nye se contraponía así a aquellos que predecían  
la decadencia norteamericana, previendo la permanencia de su liderazgo  
a través de las ideas. En este marco, contrapuso el poder militar y econó-  
mico a lo que denominó un poder de atracción y admiración, capaz de  
condicionar las visiones, preferencias y, con ello, las acciones de otros ac-  
tores (Nye, 2003). Según su conceptualización, mientras el poder duro se  
basa en recursos tangibles—fuerzas armadas, economía, población, etc.;  
el poder blando proviene de recursos intangibles, tales como la cultura, la  
ideología y los valores, entre otros.  
En este sentido, el poder blando proviene de la admiración que ta-  
les recursos despiertan en otros, suscitando formas indirectas de obedien-  
cia. Es precisamente en esta especie de condicionamiento cognitivo, en el  
seguimiento que deviene de la admiración suscitada, que el poder blando  
encuentra su fuente, ya sea desde el imaginario impuesto a través del  
cine, la música, el deporte o la valoración externa sobre la cultura política  
de un determinado país. Así, el poder blando no solo atrae, también tiene  
la capacidad de configurar las preferencias de otros Estados. Es, por lo  
9
tanto, un poder que funciona a nivel ideológico .  
Desde esta perspectiva, el concepto de poder blando se acerca a  
otras conceptualizaciones del poder que han destacado esta dimensión  
intangible, aunque enfocado en las estrategias de política exterior y las  
relaciones interestatales. Al igual que en el concepto de poder simbólico  
de Pierre Bourdieu (2012), el poder blando se manifiesta mediante la capa-  
cidad de un actor de imponer una visión del mundo, operando a través de  
mecanismos sutiles y frecuentemente invisibles. Asimismo, al igual que  
en Michel Foucault (1993; 2002), el poder blando actúa de manera pro-  
ductiva, generando comportamientos y discursos, en lugar de operar de  
forma negativa a través de la coerción. Sin embargo, a diferencia de am-  
bos, el concepto de poder blando no se orienta a entender las relaciones  
sociales de dominación, sino las relaciones interestatales y las estrategias  
derivadas de ellas.  
Por otro lado, al igual que en la noción de hegemonía de Antonio  
Gramsci (2023), el poder blando nos remite a la dimensión consensual y  
9. Es importante aquí distinguir esta noción de ideología vinculada a las ideas, del sentido de ideología como  
reflejo de la lucha de clases de Gramsci (2023).  
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no coercitiva del poder, pero difiere fundamentalmente en sus dimen-  
10  
siones de análisis . Mientras la hegemonía gramsciana mira hacia las es-  
tructuras de clase y cómo estas se expresan a nivel nacional por medio de  
una estructura política de dominación, el concepto de poder blando hace  
referencia a las relaciones interestatales en un marco sin existencia de una  
autoridad política que legitime las asimetrías de poder. En consecuencia,  
mientras que el concepto de hegemonía explica cómo el orden político y  
la dominación de clases son naturalizados y reproducidos por medio de  
la ideología, el concepto de poder blando se orienta a entender los meca-  
nismos normativos y simbólicos a través de los cuales los estados buscan  
legitimar su lugar y condicionar las acciones de otros en un orden global  
11  
descentralizado .  
De este modo, el poder blando muestra su especificidad como una  
herramienta heurísticamente valiosa para analizar esas formas distinti-  
vas de ejercicio del poder internacional, en el cual referencias ideológicas,  
culturales y normativas pueden condicionar las acciones de otros por me-  
dio de la influencia, en lugar del control.  
Esta perspectiva ofrecida por el poder blando ganó rápidamente  
numerosos adeptos, en especial como forma de entender la ascensión es-  
tadounidense como única potencia hegemónica mundial e, incluso, más  
allá de su ámbito de aplicación original, siendo utilizada por diversos  
12  
autores para analizar la política exterior de otros países . Sin embargo,  
el concepto no estuvo libre de críticas, las cuales se han concentrado en  
cuatro dimensiones principales (Bakalov, 2019): 1) La ambigüedad con-  
ceptual presente en la distinción entre poder blando y poder duro; 2) el  
alcance analítico limitado del concepto; 3) la naturaleza ambivalete de la  
atracción; y 4) el sesgo ideológico, liberal-democrático y occidental, im-  
plícito en la noción.  
En lo referido al primer punto, la elaboración de Nye ha sido cri-  
ticada por su ambigüedad y falta de definición, lo que hace posible, por  
un lado, identificar al poder blando con prácticamente cualquier tipo de  
recurso (Gelb, 2009; Layne, 2010), y, por otro, una distinción demasiado  
estricta entre poder duro y poder blando que ignora las fuertes interrela-  
ciones entre ambos (Bohas, 2006, p. 410-411).  
En cuanto al segundo punto, aunque el propio Nye reconoció la in-  
fluencia de Gramsci en su formulación, su noción de poder blando ha sido  
criticada por no incorporar adecuadamente el concepto de hegemonía del  
autor italiano. En este sentido, se ha señalado que Nye presenta al poder  
blando como una fuerza capaz de generar consentimiento por sí misma,  
sin reflejar la complementariedad estructural entre poder duro y poder  
10. Bohas (2006), Zahran y Ramos (2010) y Lock (2010) proponen observar el poder blando desde la hegemo-  
nía gramsciana y la lectura del poder de Foucault (1993; 2002). El poder blando incluiría así la elaboración  
de estrategias que permitan a un estado establecer su hegemonía entre los antagonismos existentes en la  
comunidad internacional. Sin embargo, dicha visión mantiene la especificidad del poder blando como forma  
de expresión internacional del poder, contrastando con la visión de clases de Gramsci (2023) y los mecanismos  
sociales de producción y circulación del poder de Foucault (1993; 2002).  
11. Esto no significa negar la relevancia de las estructuras de clase y otras que operan a nivel internacional,  
sino simplemente que el foco analítico del concepto se orienta en otro sentido.  
12. Incluyendo países emergentes: Bakalov, 2019; Hill, 2010; Layne, 2010; Smith, 2010; Suzuki, 2010; Al Horr;  
Evren; Gagoshidze, 2019.  
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blando, ni considerar la existencia de disputas en el ámbito simbólico de  
las ideas, (Zahran; Ramos, 2010). Asimismo, se le ha cuestionado por no  
atender a las formas relacionales y estructurales del poder (Lock, 2010).  
En términos de la atracción, se ha señalado que esta aparece, en la  
obra de Nye, tanto como recurso como acción. En consecuencia, el autor  
ha sido criticado por confundir los recursos de poder — entendidos en  
términos de su tangibilidad — con las formas de ejercicio del mismo —  
es decir, a través de la persuasión o coerción (Baldwin, 2002, p. 252). Esta  
confusión conduce a una distinción artificial basada en la materialidad del  
recurso, antes que en la dinámica relacional del poder.  
Por último, en relación al sesgo ideológico, Nye ha sido criticado  
por naturalizar y universalizar los valores e ideales liberales propios de la  
tradición política estadounidense, sin reconocer la existencia de un cam-  
po de contestación y la posibilidad de alternativas ideológicas que puedan  
suscitar esa misma atracción (Lock, 2010; Zahran; Ramos, 2010).  
Tales cuestionamientos promovieron subsecuentes desarrollos de  
parte de Nye, quien, respondiendo a las críticas sobre su falta de recono-  
cimiento de la interrelación entre poder duro y poder blando, reformuló  
su propuesta concibiendo el poder como un continuo, que va desde el  
poder de mando —como forma de poder coercitivo— hasta la coopera-  
ción —como poder persuasivo (Nye, 2010; 2016; 2021). Con posterioridad,  
avanzó en la formulación del concepto de poder inteligente (smart power),  
entendido como la combinación estratégica de recursos y políticas de po-  
der duro y blando (Nye, 2009; 2011; 2021).  
Asimismo, frente a la crítica referida a la confusión entre recursos  
y formas, Nye complementó su distinción previa entre recursos tangibles  
e intangibles, admitiendo que ciertos recursos materiales pueden generar  
poder blando. Ello implicó reconocer la necesidad de ir más allá de la ma-  
13  
terialidad del recurso para determinar su carácter como duro o blando .  
Finalmente, aunque el autor aceptó que las ideas del liberalismo  
occidental estadounidense no son universales y que otros actores tam-  
bién pueden ejercer poder blando, Nye sostuvo que tal ideología continúa  
siendo altamente atractiva frente a las alternativas existentes (Nye, 2010;  
2021), resultando en una posición altamente apologética de la ideología  
liberal y de la cultura occidental.  
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de Nye por responder a sus  
detractores, la mayoría de las objeciones se mantienen vigentes, tanto a  
nivel teórico como a nivel de los estudios empíricos que han intentado  
hacer uso de este concepto (Bakalov, 2019). Ahora bien, más allá de Nye y  
las importantes limitaciones que el concepto de poder blando ha presen-  
tado, es posible reconocer la utilidad analítica del concepto de poder blan-  
do como herramienta para interpretar una dimensión específica de las  
acciones internacionales orientadas a generar poder, entendido como la  
probabilidad de imponer la propia voluntad sobre otros sin recurrir al uso  
o amenaza del uso de la fuerza. No obstante, para aprovechar plenamen-  
te tal potencial analítico, resulta necesario realizar algunas precisiones  
13. El carácter del poder no está en el recurso material sobre el que se sustenta, sino en la actitud que genera  
sobre quien ese recurso opera, es decir coerción o atracción (Nye, 2021).  
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conceptuales para delimitar mejor su contenido, alcance y condiciones  
de aplicación.  
En primer lugar, parece necesario escapar de la idea de continuo  
esbozada por Nye y recurrir al concepto de tipos ideales de molde webe-  
riano, en el sentido de conceptos con adecuación plena de sentido (Weber,  
1996, p.16-17), para entender al poder blando. Bajo esa perspectiva, poder  
blando es una categoría analítica para interpretar una dimensión limitada  
de acciones que nunca se corresponden plenamente con el concepto, aun-  
que puedan ser interpretadas por medio del mismo. En el caso del poder  
blando, eso permite ver acciones como teniendo características de poder  
14  
blando combinadas con poder duro, sin que implique una contradicción .  
De ese modo, se superan las cuestiones referidas a la relación entre poder  
duro y poder blando, sea en términos de la tangibilidad de los recursos  
como en la vinculación entre las formas blandas y duras de poder, ya que  
las acciones pueden tener dimensiones tanto “duras” como “blandas”. Lo  
importante allí es la distinción de dicha dimensión más que la clasifica-  
15  
ción de una acción en un sentido u otro .  
Ahora bien, también resulta necesario distinguir el poder como re-  
lación, de las acciones orientadas a obtenerlo. Como relación, el poder se  
manifiesta por medio de las acciones del actor sometido a la dinámica de  
poder, es decir, por medio del condicionamiento de sus acciones en fun-  
ción de las preferencias e intereses del actor que lo ejerce. Diferentemente,  
la búsqueda de poder se materializa en las acciones del actor que busca  
detentarlo mediante la acumulación de capacidades que le permitan so-  
meter a otro/s a sus designios. En otras palabras, mientras que la existen-  
cia de una relación de poder se puede observar en las acciones del actor  
que está sujeto al poder, la búsqueda de poder se observa en las acciones  
del actor que aspira a detentar el poder. Como nuestro enfoque está en  
la realización de megaeventos deportivos como posible estrategia de po-  
der blando, es sobre esta segunda clase de fenómenos sobre la que nos  
16  
enfocaremos en el presente trabajo , sin negar la existencia o utilidad de  
entender al poder desde sus efectos.  
En segundo lugar, debemos redefinir el poder blando y desglosar  
dicha definición para entender las atribuciones que caracterizan su bús-  
queda: 1) como poder; y 2) como forma distintiva de poder. Como poder,  
debe definirse como una acción intencional, orientada a provocar una  
reacción por parte de otro actor en función de mis propios intereses, so-  
bre la base de una relación asimétrica. Como forma distintiva de poder,  
debe ser blando, esto es, basada en medios no coercitivos. Así, nuestra  
definición de poder blando consta de tres componentes: i) intencionalidad  
sobre las acciones de otro; ii) basado en una relación asimétrica; iii) basa-  
do en medios no coercitivos.  
14. No se trata de probar o refutar la existencia de poder blando, sino de ver, en casos particulares, si estos  
pueden ser explicados parcialmente por medio del concepto.  
15. En ese sentido seguimos estrictamente el sentido metodológico que Weber le da a los conceptos típico-i-  
deales.  
16. Desde la investigación empírica, la búsqueda de poder presenta mayores posibilidades de comprobación  
que las relaciones efectivas de poder (véase, por ejemplo Dahl). Más aún todavía cuando nos referimos a un  
poder intangible, como el blando.  
62  
Bruno Rivas Frías, Ignacio Javier Cardone Poder blando y megaeventos deportivos: hacia una propuesta de precisión conceptual y analítica  
En cuanto al primer componente, la intencionalidad, la búsqueda  
de recursos de poder blando debe seguir una estrategia, es decir, el con-  
dicionamiento de las acciones de los demás actores en la base a dicho  
recurso/acción. De este modo, la determinación de la intencionalidad a  
nivel empírico se da por medio de la existencia de una planificación cuyo  
objetivo final es provocar acciones en otros actores, independientemente  
17  
de la existencia de referencias formales al concepto de poder blando .  
Por su parte, la existencia de una relación asimétrica debe eviden-  
ciarse por medio de una expresión que no haga referencia a recursos coer-  
citivos —es decir, de poder duro— sino a elementos que expresen cierto  
18  
reconocimiento “social” . Ese componente de relación asimétrica puede  
identificarse con la idea de admiración al que hacía referencia Nye en  
su concepción original, y que nosotros consideraremos a nivel empírico  
como estatus, esto es, como forma de expresión de un reconocimiento de  
otros actores en la base de atributos positivos.  
En cuanto al tercer elemento, la utilización de medios no coerciti-  
vos en la búsqueda de condicionar las acciones de otros actores, debemos  
considerar la necesidad de que las opiniones y preferencias del actor que  
busca poder blando adquieran una visibilidad y posicionalidad que permi-  
tan usufruir del estatus del que se goza —o pretende gozar— para influir  
en las decisiones de otros actores. Consecuentemente, se puede afirmar  
que el medio principal por el cual se debe expresar el poder blando a nivel  
empírico es a partir de la influencia.  
Así, una acción orientada a la búsqueda de poder blando incluirá  
una estrategia que busque hacer uso de un estatus (ya sea existente o  
adquirido por medio de la acción) con el fin de ejercer influencia sobre las  
decisiones y acciones de otros actores, sin necesidad de imposición coerci-  
tiva. De este modo, llegamos a la distinción de tres dimensiones que nos  
permitirán definir más claramente en qué medida una acción representa  
o no la búsqueda de poder blando: i) estrategia, ii) estatus y iii) influencia.  
Por último, entendido como tipo ideal, la búsqueda de poder blando no  
precisa estar limitada a la potencia hegemónica o grandes potencias, ni a una  
19  
posición hegemónica o contrahegemónica , lo que permite distinguir algu-  
nas situaciones típicas que podrían proporcionar una categorización útil de  
tipos de acciones de poder blando en función de tres variables: i) la situación  
en función del campo hegemónico; ii) las capacidades del actor en cuestión y  
iii) la tendencia de ascenso, estancamiento o descenso en términos de dichas  
20  
capacidades y el posicionamiento del actor en el sistema internacional . De  
17. Una estrategia puede mencionar al poder blando sin que se adecúe al concepto o, al contrario, que no lo  
mencione pero constituya una estrategia en tal sentido. Así, teóricamente, no basta ni es necesaria la enun-  
ciación discursiva del concepto de poder blando como comprobación de su existencia.  
18. Si bien esto acerca el concepto a la idea de poder simbólico bourdiano, una diferencia fundamental es  
que no explica aquí las relaciones de poder al interior de una sociedad, sino los efectos de dicho poder social  
sobre las relaciones internacionales.  
19. No nos referimos aquí al concepto gramsciano de hegemonía (2023), sino a cómo es entendido desde la  
disciplina de RI. Si bien Nye pensó el concepto para la potencia hegemónica, no existe ninguna cuestión de  
principio que haga pensar que el poder blando no puede ser un útil para pensar políticas de proyección de  
poder por parte de países con capacidades materiales más limitadas.  
20. Estas cuestiones aparecen incidentalmente a lo largo del análisis de Grix, Brannagan & Lee (2019) pero no  
han sido sistematizadas.  
63  
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ese modo, se puede evitar así el sesgo ideológico y la universalización de la  
ideología liberal realizada por Nye, entendiendo las acciones de búsqueda de  
poder blando como acciones orientadas a tener cierto liderazgo simbólico, y  
no exclusivo de una ideología particular.  
En el caso del primer elemento, una acción de poder blando por  
parte de un país del campo hegemónico irá orientada a reforzar los valo-  
res, creencias e ideas predominantes del campo hegemónico, siendo típi-  
camente conservadora — no a nivel del espectro izquierda-derecha sino  
de lo que resulta dominante; mientras que una acción del campo contrah-  
egemónico o cualquier campo alternativo buscará mostrar la validez de  
otros valores, creencias e ideas, con tendencias a cierto reformismo.  
En el caso del segundo elemento, las acciones orientadas a obtener  
poder blando van a cambiar en función de las capacidades con las que se  
cuentan, pudiendo ser más orientadas a demostrar grandeza en los casos  
en que se cuenta con una gran cantidad de recursos; en contraste con  
aquellas orientadas a demostrar el valor intrínseco de una determinada  
característica, valores, ideas o creencias.  
Por último, en cuanto a la tendencia en términos del posiciona-  
miento internacional, aquellas potencias en situación de emergencia ten-  
derán a acciones que busquen reconocer una nueva situación, con cierto  
reformismo en términos del orden internacional; mientras que los acto-  
res en situación de estancamiento tenderán a un cierto conservadurismo  
y los actores en decadencia a una posición que puede ir desde el conserva-  
durismo a un pensamiento reaccionario.  
Llegamos así a la distinción en la base de tres variables típicas que  
permiten pensar en posibles categorías como forma de entender qué sería  
esperable en términos de poder blando según cada situación particular.  
Así, la presente concepción del poder blando permite distinguir diferen-  
tes estrategias y posibilidades, entendiendo la naturaleza diferenciada de  
cada una de ellas en función de la pluralidad de situaciones en las cuales  
puede expresarse y sobre las cuales pueden entenderse las tres dimen-  
siones identificadas de estrategia, estatus e influencia. Son estas tres di-  
mensiones de la búsqueda del poder blando las que desarrollaremos a  
continuación, a fin de establecer una definición conceptual que permita  
acercarse de modo más preciso a la determinación de la existencia de  
estrategias de poder blando en la realización de megaeventos deportivos.  
3 EL PODER BLANDO Y LOS MEGAEVENTOS DEPORTIVOS:  
ESTRATEGIA, ESTATUS E INFLUENCIA  
Siguiendo el concepto de poder blando, observamos que el deporte  
puede ocupar una función esencial en la percepción externa de un país.  
El deporte no solo expresa excelencia competitiva, sino también valores  
culturales, capacidad técnica y de trabajo en equipo, disciplina individual,  
entre otros. Adicionalmente, por su carácter internacional, alcance y for-  
mas organizativas, los megaeventos deportivos pueden oficiar de plateas  
para la expresión de capacidad de gestión, disponibilidad de infraestructu-  
ra, receptividad, tecnología, cultura, gastronomía y muchas otras. En este  
sentido, los megaeventos involucran no solo las competencias deportivas,  
64  
Bruno Rivas Frías, Ignacio Javier Cardone Poder blando y megaeventos deportivos: hacia una propuesta de precisión conceptual y analítica  
sino también todo el rango de actividades colaterales en la forma de es-  
pectáculos, ceremonias, obras de infraestructura, etc.  
Sin embargo, el análisis del poder blando en relación con los me-  
gaeventos deportivos se ha desarrollado, en muchos casos, sin una for-  
mulación clara y explícita de qué convierte a tales acciones en estrategias  
de poder. Si bien Nye identificó las fuentes del poder blando, no propor-  
cionó una delimitación conceptual que permitiera operacionalizar empí-  
ricamente el concepto. Aunque diversos estudios han destacado el papel  
simbólico del deporte –y especialmente de los megaeventos deportivos—  
como instrumentos de proyección del poder blando (Al Horr; Evren;  
Gagoshidze, 2019; Grix; Brannagan, 2016; Brannagan; Giulianotti, 2018;  
Grix; Brannagan; Lee, 2019), rara vez han ofrecido una formulación teó-  
rica consistente que permita distinguir la proyección de poder blando de  
21  
otras formas más limitadas de promoción simbólica .  
En general, estos trabajos han reconocido las deficientes delimita-  
22  
ciones del concepto, el cual es entendido — siguiendo al propio Nye —  
como la posibilidad de modificar las acciones de otros por medio de la  
atracción, resaltando la vinculación del poder blando con los factores de  
reputación, y distinguiéndolo de la mera proyección de imagen (Grix;  
Brannagan, 2016, p. 256; Brannagan; Giulianotti, 2018, p.1141; Grix;  
Brannagan; Lee, 2019, p.29). Sin embargo, tal distinción se ha limitado al  
aspecto más superficial y temporal de la proyección de imagen, frente al  
más duradero y “genuino” del poder blando, sin profundizar en la cues-  
tión del condicionamiento de actitudes y la intencionalidad.  
Probablemente el intento más desarrollado de proporcionar una lec-  
tura operacional del concepto ha sido el desarrollo por Grix y Brannagan,  
(2016), luego reproducido en Grix, Brannagan y Lee (2019), donde se pre-  
sentan indicadores dirigidos a reconocer las estrategias de poder blando a  
través de megaeventos deportivos. Tal propuesta ha avanzado lo que los  
autores denominan un tipo ideal de poder blando, pero que en la prác-  
tica se trata de un compendio de acciones vinculadas con estrategias de  
proyección e impacto, lo que de algún modo limita el concepto de poder  
blando a cierto tipo de estrategias específicas en lugar de a su sentido in-  
tencional. Si bien tal propuesta resulta un avance significativo para orien-  
tar la interpretación del concepto en bases más concretas, en su utiliza-  
ción termina siendo operada como una forma de observar la presencia o  
23  
ausencia de acciones específicas y de efectos determinados , en lugar de  
focalizar en la intencionalidad del actor que busca poder blando.  
A fin de resolver tal limitación y siguiendo lo elaborado en el  
apartado anterior, consideramos necesaria la determinación conceptual  
de lo que define una acción de búsqueda de poder, como conteniendo  
21. También pueden mencionarse intentos de medición empírica del poder blando desde su dimensión  
distributiva, como los informes de Brand Finance Global Soft Power Index (2020–2023) y The Soft Power 30 de  
Portland Communications (2015–2019), centrados en estimar el poder blando de los Estados.  
22. También destacan la compatibilidad del poder blando con el poder duro. Algunos llegan a rescatar las ela-  
boraciones más recientes del autor, como el smart power, el subtle power y el nested power (Al Horr; Evren;  
Gagoshidze, 2019), pero sin que ello permita una conceptualización más clara del concepto.  
23. En ese sentido, no se trata sobre la presencia o no de promoción turística o de si esta ha tenido éxito, sino  
de si la misma fue realizada persiguiendo una finalidad ulterior de influencia en el escenario internacional.  
65  
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una dimensión de poder blando: una estrategia basada en el uso de un  
determinado estatus internacional a fin de obtener influencia sobre  
otros actores. Pero estas dimensiones deben ser definidas y delimitadas  
conceptualmente.  
A nivel de estrategia, deben existir al menos dos elementos esencia-  
les: la presencia de objetivos, y la planificación para alcanzarlos. La pre-  
sencia de objetivos determina la intencionalidad de la acción como forma  
de poder, orientada a lograr determinadas acciones por parte de otros  
actores, mientras que la planificación para alcanzarlos lo convierte en una  
estrategia de poder blando a partir de la búsqueda de tales objetivos por  
medios no coercitivos. Es esta dimensión estratégica la que separa clara-  
mente a las acciones de poder blando de otras acciones simbólicas que no  
24  
obedecen a una dinámica de poder, al menos desde su formulación ideal .  
Llevándolo al campo de los megaeventos deportivos, la definición  
conceptual de una estrategia de poder blando debe estar reflejada en los  
objetivos y la planificación de tales eventos, en el sentido de articular una  
intencionalidad de generar y/o usufruir de uno o varios recursos desde  
sus aspectos simbólicos, entendidos como estatus, a fin de generar un  
determinado tipo de actitudes o acciones por parte de los otros actores,  
entendido como influencia. Consecuentemente, más allá de cualquier  
referencia formal o no a la cuestión de poder blando, una estrategia de  
poder blando incluirá un elemento de efecto internacional donde se bus-  
ca destacar alguna característica propia a fin de producir un efecto en las  
acciones de otros actores.  
En cuanto al estatus, lo definimos aquí como la posición relativa de  
un Estado en una escala social internacional determinada, expresando la  
relación de asimetría de la que puede valerse un actor que busca poder a  
fin de fundamentar su influencia. Conceptualmente se ha distinguido al  
25  
26  
estatus de la reputación y el prestigio , en especial en función de su carác-  
27  
ter relativamente descriptivo o normativo . Mientras que el estatus tiene  
que ver con la situación relativa de un estado dentro de una escala objetiva,  
aunque percibida, la reputación se relaciona con la valoración que existe  
sobre ese estado en función de características que son consideradas como  
28  
valiosas desde un punto de vista normativo . Sin embargo, para los fines  
del presente trabajo consideraremos todos estos conceptos como forman-  
24. Nuevamente, nos referimos aquí a la posibilidad de que una misma acción concreta tenga elementos coer-  
citivos y elementos no coercitivos, es decir, elementos de poder duro y elementos de poder blando, respectiva-  
mente, lo que no solamente es común, como muchas veces complementario.  
25. Las definiciones sobre estatus articulan un carácter neutral como “…clasificación de un estado deter-  
minado en función de sus atributos” y uno más normativo como membresía y posición relativa en un “club”  
determinado (Larson; Paul; Wholforth, 2014, p. 7) o jerarquía social (Neumann; De Carvalho, 2015, p. 4).  
26. La reputación hace refencia a la presencia o ausencia de un atributo valorado normativamente, sea de  
modo positivo o negativo; mientras que el prestigio refiere únicamente a una reputación positiva. Para los  
fines del presente trabajo, la distinción entre ambos conceptos es inocua.  
27. La reputación y el prestigio se definen, al igual que el estatus, en términos relacionales y dependen de la  
percepción “social”. Sin embargo, estos conceptos deben ser distinguidos en función de su dimensión descrip-  
tiva (estatus) o normativa (reputación) (Larson; Paul; Wholforth, 2014, p. 16).  
28. En otras palabras, el estatus de potencia económica o potencia militar, no dan reputación a una determi-  
nada nación, cómo sí lo da el hecho de ser una nación respetuosa de determinados valores. Como un ejemplo,  
China es indiscutiblemente una nación con estatus de potencia mundial en términos económicos y militares,  
entre otros; pero cuyo prestigio es cuestionado en cuestiones tales como el respeto a los derechos humanos.  
Por otro lado, un país podría tener un estatus de potencia militar y una reputación de ser un país pacífico.  
66  
Bruno Rivas Frías, Ignacio Javier Cardone Poder blando y megaeventos deportivos: hacia una propuesta de precisión conceptual y analítica  
do parte de la misma dimensión, enmarcada en el concepto de estatus.  
Este carácter social, relacional y maleable del estatus (Larson; Paul;  
Wholforth, 2014, p. 4) hace que este no dependa únicamente de la pose-  
sión de ciertas características, sino también de la percepción de otros ac-  
29  
tores sobre las mismas . Así, toda acción que busque generar o utilizar el  
estatus como recurso de poder irá orientada al reconocimiento por parte  
de los otros actores de la disponibilidad de ciertos recursos o atributos,  
30  
independientemente de que sea vista positivamente o no .  
Así, nuestra definición de estatus recoge e incorpora un atributo  
social, dado por el reconocimiento internacional de características/atri-  
butos; un atributo percibido como objetivo, el estatus; y un atributo nor-  
mativo, la reputación y prestigio, los cuales son recogidos en el Cuadro  
1. Volviendo al campo de los megaeventos deportivos, la dimensión de  
estatus debe estar dirigida a obtener visibilidad internacional, ya sea de  
atributos objetivos o normativos. La organización y realización de me-  
gaeventos deportivos puede servir la función de dar visibilidad a distin-  
tos atributos que se poseen y que se consideran que pueden brindar una  
ventaja relativa, en caso de ser reconocidos. Así, tales atributos pueden ir  
desde cuestiones vinculadas con el desempeño deportivo (por ejemplo,  
a nivel objetivo un buen desempeño; a nivel normativo, una conducta  
adecuada) a cuestiones de disponibilidad de recursos (por ejemplo, a nivel  
objetivo, riqueza; a nivel normativo, modernidad), cuestiones culturales  
(por ejemplo, a nivel objetivo, bienes patrimoniales; a nivel normativo,  
una cultura rica y plural) y cuestiones sociales (por ejemplo, a nivel obje-  
tivo, capacidad organizativa; a nivel subjetivo, receptividad), entre otras.  
De este modo, acciones de poder blando desde los megaeventos deporti-  
vos deben contar en su estrategia la búsqueda de desarrollo, visibilidad y  
uso de estas características y recursos como forma de obtener un estatus  
que le permita tener influencia sobre otros actores.  
Cuadro 1: La dimensión de estatus y sus atributos  
Dimensión de Estatus: posición relativa en una escala social internacional determinada  
Atributo Objetivo (percibido)  
Atributo Normativo  
Atributo Social  
Posición relativa en una escala en función Características con las que es identificado un Reconocimiento/Visibilidad internacional  
de la disponibilidad de recursos  
estado en función de una escala normativa  
Nota: Elaboración propia  
Llegamos así a la definición de influencia, la cual, aunque relacio-  
nada con el poder, debe distinguirse de este. Entendida como una forma  
de determinar las percepciones de otros actores, la influencia puede ser  
considerada como un recurso, entre otros, a través del cual el poder pue-  
de ejercerse por medios no coactivos. Así, mientras que el poder puede  
ejercerse incluso a través del uso de la violencia, la influencia se ejerce  
29. Esto vale también para el poder duro, al menos en su carácter disuasivo, ya que su efectividad como ame-  
naza depende de su reconocimiento por parte de otros. Sin embargo, uno de los aspectos distintivos del poder  
duro frente al blando es que el primero puede expresarse materialmente (por ejemplo un ataque militar), mien-  
tras que el segundo sólo puede hacerlo simbólicamente, para lo que depende de su reconocimiento por otros.  
30. Tal reconocimiento se vincula con la idea de familiaridad incluída en la conceptualización de Nye.  
67  
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por medio de un cierto condicionamiento cognitivo del otro actor, que  
adopta las visiones y perspectivas del actor influyente. Asimismo, aun-  
que comparte con el poder blando esta determinación cognitiva de otros  
actores, la influencia puede ejercerse sin necesidad de constituir un po-  
der, en el sentido de que tal influencia puede no responder a los deseos o  
31  
estrategias del actor influyente . Por lo tanto, si bien la influencia es un  
componente esencial del poder blando —como mecanismo a través del  
cual el poder se hace efectivo en acciones—, este debe ir acompañado  
de una estrategia o intencionalidad que busque un efecto determinado a  
partir de tal influencia.  
Al mismo tiempo, la influencia deviene necesariamente de una va-  
loración respecto a un determinado atributo considerado como de nivel  
superior en el actor influyente, lo que hemos llamado de estatus, y que  
justifica su seguimiento. Así entendida, esta conceptualización nos vincu-  
la los tres elementos del poder blando que hemos destacado: la estrategia,  
el estatus y la influencia.  
A nivel de los megaeventos deportivos, al igual que en lo referido  
al estatus, la influencia puede buscarse en diferentes ámbitos, desde lo  
simbólico hasta lo social, económico y político, y utilizando una varie-  
dad de canales. De este modo, la búsqueda de influencia debe utilizar  
la visibilización de un determinado estatus como forma de generar una  
determinada acción en otros actores en función de los propios intereses,  
sea la atracción de deportistas, inversiones, influencia en organismos in-  
ternacionales (incluyendo los deportivos), entre otros.  
En síntesis, consideramos que la búsqueda del poder blando des-  
de los megaeventos deportivos debe expresarse a nivel empírico por me-  
dio de la existencia de los elementos que hemos destacado en el presente  
apartado, y que se recogen en el siguiente Cuadro 2.  
Así entendido, la comprobación de una estrategia de poder blando  
detrás de la organización de un megaevento deportivo, requiere mirar  
fundamentalmente a los agentes que se encuentran detrás de la iniciativa,  
sus objetivos, y los medios articulados con tal finalidad. Tomando como  
ejemplo el análisis realizado por Grix, Brannagan y Lee (2019) para el  
caso brasileño, se puede observar que tal análisis no comprueba ni niega  
la existencia de una estrategia de poder blando, sino que la presupone, y  
se orienta a analizar los efectos que los megaeventos de la Copa Mundial  
de Fútbol FIFA 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 finalmente tuvieron.  
En contraste, un análisis como el propuesto aquí hubiera hecho hinca-  
pié en buscar al interior de ambos proyectos cómo estos fueron ideados,  
proyectados y gestionados; buscando, por ejemplo, identificar la presen-  
cia de objetivos de política exterior por medio de la implementación de  
acciones orientadas a generar estatus por medio de dichos megaeventos.  
Cuestiones vinculadas a los objetivos que estuvieron por detrás de la idea  
en su fase de conceptualización, cómo esta fue estructurada institucio-  
nalmente (por ejemplo, a través de la participación activa de organismos  
vinculados con el Ministerio de Relaciones Exteriores), qué objetivos  
31. Nos referimos aquí a la posibilidad de que la influencia sea no planificada (inintencionada) o negativa (en  
sentido contrario al deseado).  
68  
Bruno Rivas Frías, Ignacio Javier Cardone Poder blando y megaeventos deportivos: hacia una propuesta de precisión conceptual y analítica  
fueron planteados organizativamente, y qué medios se plantearon para  
tales fines, podrían ayudar a clarificar hasta qué punto existió o no una  
intencionalidad donde objetivos claros de política exterior estaban vin-  
32  
culados con la promoción de una determinada imagen o estatus . Un  
ejemplo extremo, hipotético, de ello sería la presencia de un objetivo (es-  
trategia) vinculado a posicionar claramente al Brasil como nueva gran  
potencia (estatus) para obtener mayor influencia en foros multilaterales  
(influencia), tanto regionales como globales, por medio de la ostentación  
de infraestructura, recursos financieros y capacidad de gestión.  
Cuadro 2: Dimensiones empíricas de la búsqueda de poder blando por medio de los  
megaeventos deportivos  
Búsqueda del poder blando  
Dimensión del PB  
Definición  
Ejemplos en megaeventos deportivos  
Existencia de objetivos y medios definidos:  
demostrar grandeza y capacidad por medio  
de obras de infraestructura modernas para  
atraer inversiones y ser visto como un po-  
tencial socio internacional  
Existencia de una planificación para gene-  
rar o hacer uso de un determinado estatus  
para generar influencia en un determinado  
sentido  
Estrategia  
Incluye la obtención de una valoración su- Posicionar al país como un país moderno  
perior (visibilidad/familiaridad) en base a y pujante, visibilizando su capacidad de or-  
la disponibilidad de características objeti- ganización, técnológica y de sus recursos  
vas (estatus) y/o normativas (reputación/ humanos por medio de la disponibilidad de  
Estatus  
prestigio)  
gran infraestructura  
Incluye la utilización del estatus como Asociación tecnológica de empresas na-  
forma de orientar las acciones de actores cionales con referentes internacionales en  
externos en función de las propias prefe- el campo de infraestructura, junto con un  
Influencia  
rencias e intereses  
incremento de la IED  
Nota: Elaboración propia  
4 CONSIDERACIONES FINALES  
A lo largo del presente trabajo hemos buscado resolver dos cues-  
tiones vinculadas con el concepto de poder blando, una teórica y una  
empírica. A nivel teórico, hemos especificado mejor el concepto, a modo  
de brindar algunas precisiones que permitan superar las limitaciones en-  
contradas hasta el momento con el uso del concepto de poder blando en  
Nye y sus seguidores, en especial en su utilización para el análisis de los  
megaeventos deportivos. A nivel empírico, hemos destacado los aspectos  
de poder desde sus expresiones como forma “blanda”, buscando superar  
la identificación de este concepto con cuestiones que se limitan apenas a  
la visibilidad internacional.  
En cuanto a lo primero, consideramos necesario destacar que el  
poder blando no es una forma excluyente de poder, sino apenas una di-  
mensión que puede expresarse, parcialmente, en diverso tipo de acciones  
y por medio de diversos tipos de recursos, alejándose de cualquier tipo de  
32. Si bien en el trabajo de Grix, Brannagan y Lee (2019) se explica que los megaeventos organizados fueron  
parte de un proceso ideado por el Gobierno brasileño para mostrar su nuevo estatus, posteriormente, como  
el trabajo se enfoca en los efectos, el elemento estratégico deja de tener relevancia en el análisis desde los  
tipos ideales.  
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determinismo en función de tangibilidad o materialidad de un recurso, o  
de la separación estricta entre poder duro y poder blando. Por otro lado,  
hemos definido la distinción entre la búsqueda de poder y su ejercicio,  
especificando la diferenciación analítica que existe en uno y otro caso,  
y el correspondiente cambio en términos del objeto de estudio, optando  
por el desarrollo de una propuesta específica para estudios orientados a la  
búsqueda de poder.  
En cuanto a lo segundo, hemos buscado superar las limitaciones  
propias de los estudios empíricos que relacionan a los megaeventos de-  
portivos con el poder blando, para poder especificar la dimensión de po-  
der, superando así visiones que identifican al concepto de poder blando  
con acciones que se limitan apenas a la búsqueda de estatus, reputación  
y prestigio; es decir, acciones de visibilidad internacional. Para ello, la  
definición del poder blando como forma de poder por medios no coacti-  
vos nos ha llevado a identificar tres componentes: intencionalidad sobre  
las acciones de actores externos, utilizando una situación de asimetría,  
por medios no coercitivos, de los cuales hemos derivado tres dimensiones  
empíricas: la estrategia, el estatus y la influencia. Asimismo, hemos de-  
finido la posibilidad de categorizar los diferentes casos de proyección de  
poder blando por medio de tres variables: la posición respecto al campo  
hegemónico; la disponibilidad de recursos y la dinámica emergente, es-  
tanca o decadente del actor en el ámbito internacional.  
Todo ello nos ha permitido avanzar en mayores precisiones con-  
ceptuales que, aplicadas a los megaeventos deportivos, nos permiten en-  
tender las políticas orientadas a su promoción, organización y realización  
desde posibles dimensiones de poder blando, con posibilidades de com-  
probación empírica más concretas que las implementadas hasta el mo-  
mento. Así, la realización de megaeventos deportivos debe articular las  
tres dimensiones identificadas, para poder decir que está orientada a la  
obtención de poder blando.  
En concreto, pensando en los megaeventos, para que se pueda ha-  
blar de una búsqueda de poder blando, su planificación, organización y  
ejecución deben contar con elementos de una estrategia tendiente a uti-  
lizar capacidades diferenciadas como forma de obtener influencia en di-  
versos campos. Sin la existencia de una definición de objetivos y medios  
que busquen obtener un determinado estatus que permita tener mayor  
influencia y orientar las acciones de otros actores en función de los pro-  
pios intereses, no es posible afirmar que un megaevento ha sido parte de  
33  
una estrategia de poder blando .  
Al mismo tiempo, las capacidades diferenciadas que se buscan uti-  
lizar deben ser destacadas en términos de su visibilidad, a fin de que sean  
valoradas por actores externos y los atraigan hacia su ámbito de influen-  
cia, sin remitir a ningún tipo de sanción o posibilidad de sanción. Los  
megaeventos deportivos brindan muchas posibilidades en ese sentido,  
y diversos estudios sobre los mismos ya han revelado las formas en las  
33. Esto es independiente de sus efectos. Diversas acciones pueden generar estatus e influencia sin intencio-  
nalidad, al tiempo que la intencionalidad no garantiza que se consiga obtener estatus e influencia a partir de  
las mismas.  
70  
Bruno Rivas Frías, Ignacio Javier Cardone Poder blando y megaeventos deportivos: hacia una propuesta de precisión conceptual y analítica  
cuales estos sirven tal utilidad, sea por medio del desempeño deportivo  
(sea exitoso o vinculado a valores); la promoción de una cultura o valores  
nacionales (tales como la receptividad, la música, artes gráficas, gastro-  
nomía, etc); la gestión exitosa de obras y la organización del evento; y la  
visibilización de recursos y patrimonio (sea preexistente o realizado con  
los fines del evento).  
Por último, el objetivo no puede estar limitado apenas a la visibili-  
dad, sino que debe extenderse a la búsqueda de provocar acciones especí-  
ficas que se orienten en la base a intereses propios relativamente definidos  
por la estrategia. En el ámbito de los megaeventos, esto puede incluir,  
por ejemplo, la búsqueda de convertirse en referencia deportiva a nivel  
mundial, sea para atraer deportistas o para que deportistas nacionales  
sean convocados en el exterior; la promoción de determinados valores  
sociales y expresiones culturales como forma de ganar presencia y reco-  
nocimiento internacional; la obtención de lugares vinculados con la toma  
de decisiones en el campo del deporte internacional, tales como comités  
deportivos internacionales; o la atracción de inversiones, la generación de  
asociaciones estratégicas con empresas y capitales exteriores, o la expan-  
sión de mercados internacionales para productos y servicios nacionales.  
Tales dimensiones se expresarán de forma distintiva, según las va-  
riables que hemos definido como relevantes para categorizar las diferen-  
tes acciones de búsqueda de poder blando. Una nación del campo contrah-  
egemónico implementará una estrategia que probablemente se oriente a  
promover valores y expresiones culturales diferentes de las dominantes  
destacando sus virtudes intrínsecas y efectos beneficiosos, como puede  
ser resaltar cómo la forma de organización política ha permitido un cier-  
to crecimiento y desarrollo, buscando aumentar su campo de influen-  
cia internacional y legitimando su posición; mientras que una nación del  
campo hegemónico reforzará los valores dominantes, caracterizando su  
predominancia como un efecto natural de su superioridad, por medio  
de símbolos culturales masivos y el refuerzo de la situación actual. En  
los megaeventos esto puede manifestarse desde diversas expresiones que  
van desde lo deportivo hasta las obras de infraestructura y los eventos  
culturales. Pero para que sean expresión de poder blando deben estar  
claramente articuladas por una estrategia.  
Por otro lado, un país con escasos recursos buscará reforzar los  
valores intrínsecos de aquellos recursos simbólicos que quiera destacar,  
mientras que un país con amplios recursos es probable que ostente los  
mismos como forma de obtener reconocimiento. Así, es probable que en  
el primer caso se busque destacar un cierto prestigio y/o tradición en la  
base del reconocimiento de una característica no vinculada con recursos  
materiales y/o económicos; mientras que en el segundo se haga gala de  
un cierto estatus material y económico. En el campo de los megaeventos,  
es probable que los primeros orienten sus acciones a destacar bienes pa-  
trimoniales, valores y tradiciones, lo que puede expresarse en lo depor-  
tivo, patrimonial y cultural; y que los segundos lo hagan en referencia  
a la disponibilidad de recursos, que también puede expresarse desde lo  
deportivo, desde la infraestructura (preexistente o construída para el me-  
gaevento) o los gastos vinculados con expresiones artísticas y culturales  
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vinculadas al evento. Nuevamente, más que las acciones en sí, lo impor-  
tante para identificar una estrategia de poder blando es que tales acciones  
estén articuladas por medio de objetivos concretos de política exterior.  
Por último, un país emergente probablemente buscará destacar su  
carácter ascendente dentro de una determinada jerarquía internacional,  
destacando aquel aspecto, sea crecimiento económico, desarrollo social,  
importancia política, o cualquier otro. Por otro lado, países en situación  
de estabilidad o bien resaltarán las virtudes que les han permitido llegar  
a su posición de preeminencia, en los casos de países de posición privile-  
giada, o bien evitarán considerar la cuestión, recurriendo a otros factores  
más vinculados con su valorización cultural. Por último, es esperable que  
países en decadencia busquen evitar la consideración de su trayectoria  
reciente y se enfoquen en destacar su tradición más antigua y su posicio-  
namiento privilegiado en el pasado. Desde el campo de los megaeventos,  
un país emergente puede buscar destacar un desempeño deportivo cre-  
ciente, el desarrollo tecnológico por medio de obras de infraestructura,  
etc.; mientras que una potencia buscará resaltar la infraestructura y re-  
cursos existentes, mantener su desempeño deportivo, etc.; y una potencia  
decadente resaltar su tradición, sus bienes patrimoniales y mantener un  
cierto estatus deportivo. Pero, nuevamente, todo ello debe estar orienta-  
do a ganar cierta influencia internacional para constituir poder blando.  
En conclusión, a través del presente trabajo hemos buscado definir  
más claramente el concepto del poder blando como búsqueda de poder, a  
fin de tornar las investigaciones empíricas sobre los megaeventos depor-  
tivos más precisas, sin que ello signifique una división categórica entre  
poder duro y blando. Buscamos, de este modo, determinar qué aspectos  
de poder blando pueden identificarse en el desarrollo de un megaevento  
deportivo y clasificarlo en función de variables analíticas. De modo algu-  
no esto niega los aportes que los estudios previos han realizado a nivel  
casuístico y teórico, pero busca proporcionar una base conceptual sobre  
la cual futuros desarrollos puedan establecer un campo más sistemático  
y preciso al respecto de la búsqueda de poder blando por medio de los  
megaeventos deportivos.  
Pretendemos que la presente propuesta sirva de marco para el de-  
sarrollo de estudios de casos específicos, aportando a su vez una base  
comparativa para estudios transversales sobre diferentes casos. Ello per-  
mitirá avanzar en el desarrollo de una categorización empírica con base  
en las características que los diferentes megaeventos adoptan en función  
de la presencia de una dimensión de poder blando en su gestación, pla-  
nificación y ejecución. Considerando que deporte y política no son dos  
ámbitos separados, esperamos que la presente contribución permita una  
aproximación más compleja, matizada y precisa al fenómeno del poder  
blando y los megaeventos deportivos. En conclusión, aunque preliminar,  
este refinamiento conceptual no pretende proporcionar categorías abso-  
lutas, sino tipos ideales que ayuden a explorar y comprender las condi-  
ciones y dinámicas involucradas en el uso político de los megaeventos  
deportivos y a desarrollar una agenda de investigación más exhaustiva  
sobre los mismos.  
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Bruno Rivas Frías, Ignacio Javier Cardone Poder blando y megaeventos deportivos: hacia una propuesta de precisión conceptual y analítica  
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