estudos internacionais • Belo Horizonte, ISSN 2317-773X, v. 13, n. 2, (jun. 2025), p. 149-165
El paradigma dominante del control humano significativo, sustenta-
do en fórmulas como human-in-the-loop o human-on-the-loop, ha presumido
durante años que la proximidad temporal entre el ser humano y la acción
letal garantiza la supervisión moral. Sin embargo, dicha presunción se de-
muestra insuficiente cuando se somete a un análisis técnico y normativo ri-
guroso. La aceleración propia de los entornos algorítmicos reduce drástica-
mente los márgenes de intervención, imposibilitando la toma de decisiones
reflexiva en tiempo real. De acuerdo con la evidencia empírica, limitaciones
como la latencia perceptual, la sobrecarga cognitiva y la no linealidad del
comportamiento sistémico restringen la efectividad de la supervisión (M.
M. Cummings, 2014). A ello se añade el sesgo de automatización, según el
cual los operadores tienden a aceptar de manera acrítica las recomendacio-
nes de los sistemas, incluso cuando contradicen la información disponible
(Skitka et al., 1999). Por tanto, vincular la agencia moral únicamente con la
inmediatez temporal no solo resulta falaz desde un punto de vista filosófi-
co, sino también impracticable en términos operativos.
Frente a tales limitaciones, la certificación significativa se configu-
ra como una alternativa epistemológica y normativamente más sólida.
El objetivo no consiste en eliminar la supervisión humana, sino en re-
distribuirla de manera anticipatoria a lo largo del ciclo de vida del siste-
ma, incorporando evaluaciones éticas ex ante que establezcan umbrales
de aceptabilidad moral antes del despliegue operativo. En esta línea, la
certificación actúa como un mecanismo de orquestación moral en el que
convergen la ingeniería ética, la evaluación legal y la deliberación política
(Winfield; Jirotka, 2018). De esta manera, la anticipación adquiere un ca-
rácter no solo técnico, sino también axiológico, puesto que implica definir
desde el diseño cuáles conductas resultan moralmente tolerables y cuáles
deben quedar descartadas.
La certificación supera, por tanto, la mera conformidad regulato-
ria. Mientras el cumplimiento legal suele adoptar un carácter formal,
reactivo e incluso insuficiente, la certificación supone la configuración
activa de valores en el sistema, mediante simulaciones éticas, algoritmos
limitadores y validaciones orientadas por principios normativos. De este
modo, la autoría moral no se diluye, sino que se reformula como una
práctica distribuida, en la que cada etapa del ciclo, tales como diseño,
implementación y evaluación, comporta responsabilidades diferenciadas,
aunque interdependientes.
Sobre esta base, resulta fundamental identificar tres imperativos éti-
cos que estructuren cualquier desarrollo de sistemas autónomos letales.
En primer lugar, la preservación de la agencia debe asumirse como un
nexo intencional irreductible. La acción moral requiere la existencia de
una intención atribuible a un sujeto que pueda comprender, deliberar y
responsabilizarse de sus actos. Cuando la automatización diluye esta inten-
cionalidad mediante abstracción procedimental o delegación algorítmica,
se erosiona la base misma de la responsabilidad moral (Anscombe, 1957).
En términos más contemporáneos, la agencia puede entenderse como una
capacidad situada de intervención con sentido (Bennett, 2005), de modo
que todo diseño que impida rastrear la autoría humana de las decisiones
incurre en una irresponsabilidad estructural éticamente inaceptable.
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