Fernando A. Ramos-Zaga Insuficiencia estructural del control humano significativo en armas autónomas:  
fundamentos para una reorientación normativa post-antropocéntrica  
Insuficiencia estructural del control  
humano significativo en armas autónomas:  
fundamentos para una reorientación  
normativa post-antropocéntrica  
Structural Insufficiency of Meaningful Human Control  
in Autonomous Weapons: Foundations for a Post-  
Anthropocentric Normative Reorientation  
Insuficiência estrutural do controle humano significativo  
em armas autônomas: fundamentos para uma  
reorientação normativa pós-antropocêntrica  
1
Fernando A. Ramos-Zaga  
DOI: 10.5752/P.2317-773X.2025v13.n2.p149  
Enviado em: 22 de setembro de 2025  
Aceito em: 03 de março de 2026  
RESUMEN  
El avance acelerado de los Sistemas de Armas Letales Autónomas (LAWS)  
ha generado una transformación radical en las lógicas del conflicto armado,  
planteando desafíos ético-normativos que cuestionan la continuidad de la  
agencia humana en decisiones letales automatizadas. Frente a este escenario, el  
presente estudio examina críticamente la noción de Control Humano Signifi-  
cativo (MHC) como dispositivo normativo central en la regulación de LAWS,  
con el objetivo de construir un marco filosófico que fundamente éticamente su  
exigencia, explore su viabilidad en entornos militares avanzados y proponga una  
reconceptualización que articule agencia, dignidad y responsabilidad. Los halla-  
zgos evidencian que el MHC, en su formulación actual, presenta limitaciones  
estructurales derivadas de la opacidad de los sistemas algorítmicos, la imprevisi-  
bilidad conductual y la dilución de la responsabilidad moral, lo cual imposibilita  
su función como garante ético en la guerra automatizada. En conclusión, se  
plantea un giro normativo que interpela la arquitectura jurídica y técnica exis-  
tente, exigiendo la adopción de marcos regulatorios internacionales capaces de  
salvaguardar principios morales fundamentales en un contexto marcado por la  
creciente mediación algorítmica de la violencia.  
Palabras clave: Sistemas de armas letales autónomas, control humano signifi-  
cativo, brecha de responsabilidad, guerra algorítmica, ética militar, inteligencia  
artificial.  
org/0000-0001-6301-9460. fernandozaga@gmail.com  
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estudos internacionais • Belo Horizonte, ISSN 2317-773X, v. 13, n. 2, (jun. 2025), p. 149-165  
ABSTRACT  
The rapid advancement of Lethal Autonomous Weapon Systems (LAWS) has  
fundamentally altered the dynamics of armed conflict, raising profound ethical  
and normative challenges that call into question the continuity of human agen-  
cy in automated lethal decision-making. In response to this scenario, the present  
study critically examines the notion of Meaningful Human Control (MHC) as  
a central normative device in the regulation of LAWS. The objective is to cons-  
truct a philosophical framework that ethically grounds the demand for MHC,  
assesses its operational viability in advanced military environments, and pro-  
poses a reconceptualization that integrates agency, dignity, and moral respon-  
sibility. The findings reveal that MHC, in its current formulation, suffers from  
structural limitations rooted in algorithmic opacity, behavioral unpredictability,  
and the fragmentation of moral responsibility, which collectively undermine  
its role as an ethical safeguard in autonomous warfare. The study concludes by  
proposing a normative shift that challenges existing legal and technical archi-  
tectures, advocating for the establishment of binding international regulatory  
frameworks capable of upholding fundamental moral principles in a context  
increasingly shaped by the algorithmic mediation of violence.  
Keywords: Lethal autonomous weapon systems, meaningful human control,  
responsibility gap, algorithmic warfare, military ethics, artificial intelligence.  
RESUMO  
O avanço acelerado dos Sistemas de Armas Letais Autônomas (LAWS) tem  
provocado uma transformação radical nas lógicas do conflito armado, susci-  
tando desafios ético-normativos que questionam a continuidade da agência  
humana em decisões letais automatizadas. Diante desse cenário, o presente  
estudo examina criticamente a noção de Controle Humano Significativo (MHC)  
como dispositivo normativo central na regulação dos LAWS, com o objetivo de  
construir um marco filosófico que fundamente eticamente sua exigência, explo-  
re sua viabilidade em contextos militares avançados e proponha uma recon-  
ceitualização que articule agência, dignidade e responsabilidade. Os resultados  
evidenciam que o MHC, em sua formulação atual, apresenta limitações estru-  
turais decorrentes da opacidade dos sistemas algorítmicos, da imprevisibilidade  
comportamental e da diluição da responsabilidade moral, o que inviabiliza sua  
função como garantidor ético na guerra automatizada. Conclui-se, portanto,  
que é necessário um giro normativo que interpele a arquitetura jurídica e téc-  
nica existente, exigindo a adoção de marcos regulatórios internacionais capazes  
de salvaguardar princípios morais fundamentais em um contexto marcado pela  
crescente mediação algorítmica da violência.  
Palavras-chave: Sistemas de armas letais autônomas, controle humano signifi-  
cativo, lacuna de responsabilidade, guerra algorítmica, ética militar, inteligência  
artificial.  
1 INTRODUCCIÓN  
En los últimos años, el desarrollo exponencial de tecnologías apli-  
cadas a la defensa ha reconfigurado los parámetros tradicionales de la  
guerra, inaugurando una nueva era marcada por la creciente autonomi-  
zación de los sistemas armamentísticos. La reciente inversión de 600 mil-  
lones de euros liderada por Daniel Ek, fundador de Spotify, en la empresa  
Helsing, especializada en sistemas de guerra basados en inteligencia ar-  
tificial (Browne, 2025), ilustra de forma paradigmática la militarización  
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Fernando A. Ramos-Zaga Insuficiencia estructural del control humano significativo en armas autónomas:  
fundamentos para una reorientación normativa post-antropocéntrica  
de la inteligencia artificial, impulsada tanto por actores estatales como  
por consorcios tecnológicos privados. El viraje hacia una guerra tecnoló-  
gicamente mediada plantea preguntas urgentes sobre la legitimidad del  
uso autónomo de la fuerza y sobre los límites éticos de la delegación de  
decisiones letales a entidades no humanas, particularmente en un esce-  
nario donde los marcos jurídicos tradicionales y las estructuras morales  
heredadas resultan insuficientes para aprehender la complejidad del fenó-  
meno emergente.  
La aparición de los Sistemas de Armas Letales Autónomos (LAWS,  
por sus siglas en inglés) ha catalizado un debate cuyo eje central gira en  
torno a la noción de Control Humano Significativo (MHC), introducida  
en 2013 como respuesta normativa ante la opacidad decisional de los sis-  
temas autónomos (Horowitz, 2016). No obstante, múltiples estudios han  
advertido sobre la ambigüedad conceptual del MHC y su limitada aplica-  
bilidad en contextos operacionales reales, marcados por la alta velocidad,  
la complejidad ambiental y la impredecibilidad algorítmica (Santoni De  
Sio; Van Den Hoven, 2018). A ello se suma el desafío ontológico plantea-  
do por la autonomía algorítmica, cuya lógica causal-determinista entra  
en tensión con la estructura intencional y relacional que define la acción  
moral humana (Matthias, 2004).  
La persistencia de una brecha epistemológica y normativa entre las  
capacidades técnicas de los LAWS y las exigencias morales del ius in bello  
pone de manifiesto una zona crítica de indeterminación conceptual. La  
actual arquitectura del MHC, centrada en fases operacionales específi-  
cas, desconoce el carácter distribuido y sistémico de la responsabilidad en  
entornos de guerra algorítmica (Taddeo; Floridi, 2018). En tal sentido, la  
idea de una “certificación humana significativa” ha sido propuesta como  
alternativa que podría preservar la autoría moral sin sacrificar la eficien-  
cia técnica (Winfield; Jirotka, 2018). Sin embargo, dicha reconceptualiza-  
ción plantea interrogantes profundos acerca de la trazabilidad de la inten-  
ción humana en redes decisionales algorítmicas evolutivas y distribuidas,  
lo cual exige una revisión crítica de las nociones tradicionales de control,  
causalidad y responsabilidad.  
El presente análisis se justifica por la urgencia de construir un mar-  
co filosófico-normativo que permita evaluar, fundamentar y, eventual-  
mente, redefinir el concepto de MHC en un contexto donde las decisiones  
sobre la vida y la muerte ya no dependen exclusivamente de agentes hu-  
manos identificables. Lejos de constituir una discusión académica aisla-  
da, esta problemática tiene implicaciones directas sobre la legitimidad del  
uso de la fuerza, la arquitectura normativa del derecho internacional y,  
en última instancia, sobre los fundamentos éticos que sostienen la convi-  
vencia global. En un momento histórico caracterizado por la aceleración  
tecnológica y la erosión de las formas tradicionales de soberanía, la ausen-  
cia de un paradigma coherente que preserve la agencia humana ante el  
avance de la autonomía algorítmica representa una amenaza a los princi-  
pios fundacionales del orden jurídico-moral contemporáneo.  
Las implicaciones prácticas de esta investigación son múltiples. En  
primer lugar, el desarrollo de un marco normativo robusto en torno al  
MHC puede ofrecer orientaciones concretas para legisladores, diseñadores  
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de sistemas de defensa y organismos internacionales encargados de la re-  
gulación de armamento. En segundo lugar, puede contribuir a delimitar  
los márgenes éticamente aceptables de la innovación tecnológica en con-  
textos de seguridad, evitando que los imperativos de eficiencia desplacen  
completamente los criterios de legitimidad moral. Finalmente, una redefi-  
nición del MHC podría servir como fundamento para sistemas de certifi-  
cación internacional que articulen principios éticos, criterios operacionales  
y requisitos legales en torno al uso de tecnologías autónomas en la guerra.  
La relevancia de esta reflexión se acentúa aún más cuando se la vin-  
cula con los desafíos contemporáneos que atraviesan tanto el campo de  
la gobernanza tecnológica como el del orden internacional. El creciente  
protagonismo de empresas privadas en la producción de armamento inte-  
ligente, la presión geopolítica por alcanzar la supremacía algorítmica y la  
normalización social del uso de drones autónomos en conflictos armados  
configuran un panorama en el cual las decisiones normativas actuales  
tendrán efectos estructurales en las décadas venideras. En este sentido, la  
discusión sobre el MHC no puede desligarse de las tensiones más amplias  
que afectan a las democracias liberales, a la arquitectura institucional del  
derecho internacional y a las formas emergentes de subjetividad en la era  
de la inteligencia artificial.  
En ese sentido, el objetivo del presente artículo es analizar crítica-  
mente la noción de Control Humano Significativo en sistemas armamen-  
tísticos autónomos, con el fin de desarrollar un marco normativo-filosófi-  
co que permita fundamentar éticamente su exigencia, evaluar su viabili-  
dad operativa en contextos militares tecnológicamente avanzados y pro-  
poner una reconceptualización sistemática que articule agencia, dignidad  
humana y responsabilidad moral en el entorno de la guerra algorítmica.  
Se espera que los resultados de este trabajo contribuyan a esclarecer los  
fundamentos éticos que deben orientar el desarrollo y despliegue de los  
LAWS, ofreciendo herramientas conceptuales y normativas que permi-  
tan preservar la centralidad de la agencia moral humana en un mundo  
progresivamente automatizado.  
2 GENEALOGÍA DE LA AUTOMATIZACIÓN DE LA VIOLENCIA  
La trayectoria histórica y conceptual de las armas automatizadas  
permite apreciar cómo la tecnología ha modificado progresivamente la  
estructura de la guerra. Durante la Guerra Fría, con el desarrollo de mi-  
siles antibalísticos guiados por radar, se consolidó un interés por delegar  
funciones críticas en las máquinas, aunque sin desplazar la centralidad  
del juicio humano. En tal contexto, la lógica de disuasión nuclear descan-  
saba en la capacidad decisional de líderes políticos y militares, quienes  
conservaban el control último sobre la acción letal (Freedman, 1989). Ello  
evidenciaba un perfeccionamiento del apoyo técnico orientado a la efi-  
ciencia, más que una auténtica autonomía decisional.  
Con la irrupción de la ciberguerra en los años noventa se produjo  
un giro significativo, ya que el escenario de confrontación se trasladó al  
espacio informacional. En este ámbito, los ataques contra infraestructu-  
ras digitales funcionaban primordialmente como formas de sabotaje y  
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no como guerra en sentido estricto, debido a su limitada capacidad de  
destrucción masiva (Arquilla; Ronfeldt, 1993; Libicki, 1995; Rid, 2013). De  
ese modo, se reforzaba la premisa de que el factor humano seguía siendo  
insustituible, pues la decisión sobre el momento, el lugar y la intensidad  
de la intervención permanecía en manos de actores políticos y militares.  
Posteriormente, la evolución tecnológica introdujo un cambio  
cualitativo de mayor envergadura. El tránsito desde sistemas de apoyo  
hacia sistemas autónomos modificó sustancialmente la concepción de  
agencia en el campo bélico. Mientras la automatización remitía a la eje-  
cución mecánica de instrucciones, la autonomía abrió la posibilidad de  
que la máquina actuara y decidiera sin supervisión directa (Scharre, 2018;  
Singer, 2009). La incorporación de inteligencia artificial y sensores avan-  
zados intensificó esa transformación, acelerando el ritmo del combate a  
velocidades que superaban las capacidades cognitivas humanas (M. L.  
Cummings, 2021). Como consecuencia, surgió la noción de irresponsa-  
bilidad estructural, ya que cuando las máquinas operan con mínima in-  
tervención humana, la atribución de responsabilidad se vuelve difusa o  
incluso impracticable (Sparrow, 2007).  
En la actualidad, los conflictos armados han convertido el debate  
en experiencia tangible. La guerra en Ucrania se ha configurado como un  
laboratorio de experimentación con drones kamikaze y sistemas híbridos  
que combinan innovación comercial y despliegue militar, lo que refleja  
la convergencia entre ambas esferas (Kunertova, 2023). De manera simi-  
lar, en Gaza, los sistemas de selección automatizada de objetivos como  
“Lavender” han generado cuestionamientos éticos y jurídicos, debido a  
la dificultad de distinguir de forma confiable entre combatientes y civi-  
les, con posibles vulneraciones al Derecho Internacional Humanitario  
(Gusterson, 2024). A su vez, en Yemen, la continuidad de ataques con dro-  
nes de bajo costo ha configurado un patrón de guerra dronizada, aunque  
con eficacia relativa que atenúa la idea de autonomía plena en el terreno  
(Boyle, 2013; Kallenborn; Bleek, 2018).  
Desde un punto de vista analítico, resulta clave examinar los dis-  
tintos grados de intervención humana. El modelo human-in-the-loop ase-  
gura que el operador conserve el control directo sobre cada decisión le-  
tal, con lo cual mantiene una trazabilidad ética básica (Horowitz, 2016).  
A su vez, el modelo human-on-the-loop permite la actuación automática  
bajo supervisión diferida, lo que abre un espacio controvertido en ma-  
teria de responsabilidad (Scharre, 2018). En el extremo, el modelo hu-  
man-out-of-the-loop delega en la máquina la totalidad del ciclo decisional  
y elimina cualquier posibilidad de control humano significativo (Asaro,  
2012). De ese modo, se configura un continuo que va desde la supervi-  
sión plena hasta la autonomía absoluta, con consecuencias jurídicas y  
éticas de gran alcance.  
El panorama descrito evidencia una mutación estructural de la  
guerra. La agencia bélica ya no se define exclusivamente en términos hu-  
manos, sino como producto de ensamblajes socio-técnicos que redistribu-  
yen la capacidad de decidir y ejecutar acciones (Bode et al., 2024). Surge  
entonces un desfase entre la práctica militar y los marcos normativos,  
concebidos en un contexto donde el combatiente humano ocupaba un  
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lugar indiscutible. Tal desfase abre espacios de impunidad y erosiona la  
legitimidad del Derecho Internacional Humanitario (Winter, 2022).  
Con todo, la discusión incorpora también una dimensión menos  
pesimista. Se ha planteado que la autonomía algorítmica podría, en con-  
diciones específicas, contribuir a reducir violaciones al derecho de la  
guerra, dado que las máquinas carecen de emociones y sesgos que con  
frecuencia inducen a los combatientes humanos a excesos en el uso de  
la fuerza (Arkin, 2009). Se configura así una tensión entre quienes con-  
ciben la autonomía como un riesgo ontológico y normativo y quienes la  
valoran como una herramienta correctiva frente a la falibilidad humana.  
Reconocer tal tensión obliga a asumir la complejidad del fenómeno y a  
resistir la tentación de respuestas absolutas, puesto que el vínculo entre  
tecnología, ética y guerra exige un análisis abierto, crítico y matizado.  
En ese marco, el concepto de “control humano significativo” (MHC,  
por sus siglas en inglés) se ha propuesto como una tentativa de reintro-  
ducir la agencia moral en contextos automatizados. La sección siguiente  
examinará su génesis conceptual, su potencial normativo y sus limitacio-  
nes estructurales, con el fin de valorar si puede consolidarse como princi-  
pio operativo eficaz o si, por el contrario, se trata de una ficción regulativa  
que encubre la inercia de una automatización ya desbordada. Lo que está  
en juego no se limita a la regulación de una nueva tecnología, sino a la  
posibilidad de preservar una ética de la guerra en un mundo donde la de-  
cisión de matar podría ejecutarse sin que nadie, realmente, decida.  
3 EL CONTROL HUMANO SIGNIFICATIVO COMO RESPUESTA  
NORMATIVA INSUFICIENTE  
Desde su irrupción en el debate internacional sobre los sistemas  
de armas autónomos letales, el concepto de control humano significativo  
(MHC, por sus siglas en inglés) se ha consolidado como un artefacto nor-  
mativo de notable plasticidad discursiva. Su emergencia puede interpre-  
tarse como una tentativa colectiva de reinstalar la figura humana en un  
escenario tecnológico que, de manera progresiva, desplaza su agencia  
decisional y su capacidad deliberativa. A lo largo de su desarrollo concep-  
tual, se advierte una tensión persistente entre la voluntad de mantener el  
juicio humano como eje ético de la acción bélica y las limitaciones estruc-  
turales, epistémicas y morales que impone la creciente sofisticación de los  
sistemas algorítmicos.  
Es necesario señalar que la primera formulación sustantiva del  
MHC se articuló en el seno de la organización Article 36 durante las dis-  
cusiones de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales en 2013.  
En aquel contexto, se trataba de una propuesta concebida no solo como  
mecanismo regulador, sino también como una respuesta ética frente a  
la amenaza de deshumanización del uso de la fuerza (Klonowska, 2022).  
Desde esa perspectiva inicial, el MHC buscaba establecer un umbral mí-  
nimo de intervención humana que preservara la legitimidad moral y ju-  
rídica de la decisión letal. En consecuencia, más que un cuerpo doctrinal  
coherente, se ofrecía un principio guía suficientemente abierto para pro-  
piciar un consenso básico entre actores con posiciones divergentes.  
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Posteriormente, la consolidación del MHC en la agenda internacio-  
nal respondió a la acción concertada de organizaciones de la sociedad ci-  
vil y coaliciones transnacionales. De hecho, iniciativas como la Campaign  
to Stop Killer Robots y Human Rights Watch ejercieron presión en foros mul-  
tilaterales con el objetivo de impulsar la adopción de un estándar nor-  
mativo vinculante que garantizara un umbral mínimo de intervención  
humana en el uso de la fuerza (Roff, 2014; Solovyeva; Hynek, 2023). Sin  
embargo, la postura de potencias con alta inversión en sistemas autóno-  
mos, como Estados Unidos, Rusia e Israel, apuntó hacia aproximaciones  
más flexibles, alineadas con la noción de “juicio humano apropiado” y  
con énfasis en la interoperabilidad técnica y la eficacia táctica (Boulanin;  
Verbruggen, 2017; Department of Defense, 2012). Tal divergencia crista-  
lizó en la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, donde los  
intentos de avanzar hacia un tratado vinculante enfrentaron la resistencia  
de Estados reticentes a limitar su superioridad estratégica (Payne, 2021).  
En ese orden de hechos, la emergencia de posturas intermedias com-  
plejizó aún más el panorama. La Unión Europea y algunos de sus Estados  
miembros, entre ellos Alemania y Países Bajos, reconocieron la necesidad  
de preservar la agencia humana, pero prefirieron impulsar mecanismos  
de carácter político antes que jurídicamente obligatorios (Ekelhof, 2019).  
Como resultado, los puntos de fricción giraron en torno a la naturaleza  
vinculante del MHC, a la definición operativa del umbral de intervención  
humana y a la tensión entre criterios ético-jurídicos y exigencias de viabi-  
lidad militar. El MHC se configuró así como un campo de competencia  
discursiva en el que confluyen racionalidades heterogéneas, tanto éticas  
como jurídicas y geopolíticas (Santoni De Sio; Van Den Hoven, 2018).  
Ahora bien, la vaguedad inicial que facilitó la aceptación política  
del MHC se ha transformado con el tiempo en un obstáculo epistemoló-  
gico y normativo. La ambigüedad de su formulación permitió su captura  
por marcos estratégicos disímiles, diluyendo así su potencial regulador  
(Jani atová; Mlejnková, 2021). El contraste con el enfoque estadouniden-  
se, centrado en la noción de “niveles apropiados de juicio humano”, resul-  
ta ilustrativo. Mientras que el MHC aspira a preservar la agencia ética y  
la responsabilidad humana, la postura del Departamento de Defensa de  
Estados Unidos privilegia la interoperabilidad técnica y la eficacia tácti-  
ca, relegando la cuestión moral a un plano secundario (Department of  
Defense, 2012). De ello se desprende una fractura profunda entre los im-  
perativos éticos de control y las exigencias operativas de eficiencia militar.  
En paralelo, a medida que el MHC adquirió mayor visibilidad en  
foros internacionales, se le atribuyeron funciones progresivamente más  
ambiciosas. Así, de mero instrumento de supervisión pasó a convertirse  
en símbolo de resistencia ética frente a la automatización del juicio, lle-  
gando incluso a proyectársele la capacidad de garantizar el cumplimiento  
del derecho internacional humanitario y de prevenir la fragmentación  
de la responsabilidad en contextos tecnológicamente mediados (Santoni  
De Sio; Van Den Hoven, 2018). Sin embargo, esta sobrecarga funcional  
condujo a un fenómeno de inflación normativa, donde las expectativas  
asignadas superaron con creces su factibilidad operativa, generando una  
disonancia entre aspiraciones éticas y limitaciones técnicas.  
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En el plano estructural, el MHC se sostiene en tres pilares funda-  
mentales: información, acción y responsabilidad. No obstante, un análisis  
riguroso de cada dimensión revela inconsistencias significativas. En lo  
que respecta al principio de información, la hipótesis de que el agente hu-  
mano puede procesar datos relevantes en tiempo real resulta insostenible.  
Se ha demostrado que la capacidad cognitiva humana se ve rápidamente  
desbordada en entornos de elevada complejidad, lo que reduce al opera-  
dor a un rol simbólico (M. M. Cummings, 2014). Además, disponer de  
información no equivale a comprenderla en términos semánticos, pues  
solo una inteligibilidad contextualizada permite fundamentar decisiones  
normativas (Floridi, 2011).  
En cuanto al principio de acción, los marcos tradicionales han ten-  
dido a reducir la agencia humana a una intervención puntual sobre el  
sistema. Sin embargo, tal visión ignora las condiciones estructurales que  
determinan la posibilidad misma de actuar. En esa dirección, se ha plan-  
teado que la agencia incluye no solo la decisión inmediata, sino también  
los procesos de diseño anticipado y las restricciones ex ante que configu-  
ran el marco de acción (Taddeo; Floridi, 2018).  
El principio de responsabilidad constituye, con todo, el pilar más  
problemático. La dispersión de atribuciones a lo largo del ciclo de vida  
del sistema genera lo que se ha denominado el problema de las “muchas  
manos” (Matthias, 2004). La dificultad de imputar responsabilidad com-  
promete tanto la justicia retributiva como la confianza en los marcos éti-  
cos y legales vigentes. Surge así la pregunta sobre quién debe responder:  
el diseñador del algoritmo, el aprobador político o el operador en campo.  
En consecuencia, los modelos clásicos de interacción hombre-má-  
quina muestran limitaciones análogas. El modelo human-in-the-loop, que  
exige la autorización humana antes de ejecutar una acción, se ha reve-  
lado ineficaz, ya que la presión situacional y la familiaridad con el sis-  
tema conducen a un automatismo de la confianza (Skitka et al., 1999).  
De manera similar, el modelo human-on-the-loop otorga al operador un  
papel de supervisión diferida, pero la vigilancia sin capacidad efectiva de  
intervención equivale a una responsabilidad ilusoria (Denning, 2011). En  
el extremo, el modelo human-out-of-the-loop representa la consagración de  
la alienación moral, al romper la cadena que conecta juicio humano y ac-  
ción operativa (Sparrow, 2007). Incluso se ha sostenido que la autonomía  
técnica no constituye una opción ideológica, sino una imposición funcio-  
nal derivada de la velocidad de los sistemas (Scharre, 2018).  
Todo ello permite constatar la paradoja estructural que atraviesa al  
MHC: a mayor autonomía técnica, menor margen para la responsabilidad  
moral. En tal sentido, se ha planteado que el MHC funciona menos como  
una solución normativa que como un dispositivo discursivo destinado a  
reconciliar lo irreconciliable, es decir, la eficiencia algorítmica con la deli-  
beración ética (Danaher, 2016; Matthias, 2004).  
En definitiva, el análisis del MHC no puede reducirse a cuestiones  
técnicas de implementación, sino que exige una reflexión crítica sobre  
las mutaciones normativas que introduce la automatización en el ámbito  
de la agencia moral. A medida que los sistemas autónomos reducen la  
posibilidad de intervención significativa, también se erosiona la relación  
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normativa entre intención, acción y responsabilidad. La discusión se  
orienta, por tanto, hacia la exploración de la brecha de responsabilidad,  
en la cual la opacidad algorítmica, la pérdida de atribución causal y la di-  
solución del vínculo ético con el Otro configuran un impasse normativo  
que interpela los fundamentos antropocéntricos del derecho y de la ética  
contemporánea.  
4 LA BRECHA DE RESPONSABILIDAD COMO IMPASSE ONTOLÓGICO  
La creciente incorporación de sistemas autónomos en contextos  
bélicos plantea interrogantes éticos y ontológicos que desbordan las es-  
tructuras normativas existentes. En particular, la opacidad y el carácter  
emergente de los comportamientos algorítmicos marcan un punto de in-  
flexión en la manera de entender la acción, la responsabilidad y el vínculo  
moral con el otro. La opacidad algorítmica no remite únicamente a una  
cuestión técnica, sino que conlleva implicaciones filosóficas profundas re-  
lacionadas con la posibilidad misma de comprender y atribuir agencia a  
sistemas no humanos.  
Al respecto, cabe señalar que la arquitectura de las redes neurona-  
les profundas, en tanto estructuras no lineales y no simbólicas, impide  
rastrear causalmente los procesos internos que conducen a una decisión  
específica. En esa dirección, se ha destacado que la opacidad epistémi-  
2
ca excede la comprensión humana incluso de los propios diseñadores, lo  
cual supone una ruptura con los supuestos clásicos de transparencia ope-  
rativa sobre los que se apoyan la responsabilidad jurídica y la atribución  
ética (Greif, 2022).  
Asimismo, la imposibilidad de establecer una secuencia causal legi-  
ble entre insumos y resultados constituye un obstáculo insalvable para el  
tipo de racionalidad que históricamente ha orientado la atribución moral.  
De acuerdo con la argumentación contemporánea, cuando se pierde la  
capacidad de reconstruir nexos causales no se enfrenta únicamente una  
limitación de la interfaz humano-máquina, sino una crisis del modelo  
mismo de acción deliberativa (Shea, 2023). En el caso de los sistemas de  
armas letales autónomas, esta falta de trazabilidad implica la desaparición  
de un agente en sentido fuerte, es decir, de un sujeto que decida en cono-  
cimiento de causa. La consecuencia directa es la erosión del fundamento  
normativo de la rendición de cuentas.  
Ahora bien, el problema no se reduce a la opacidad epistémica. Existe  
también un nivel de ininteligibilidad estructural que agrava el desfase en-  
tre sistemas técnicos y comprensión humana. Se ha sostenido que este fe-  
nómeno no alude únicamente a la falta de acceso técnico, sino a la ausen-  
cia de coherencia semántica que imposibilita al operador humano atribuir  
sentido a las decisiones algorítmicas (Zednik, 2021). En otros términos, el  
obstáculo no radica solo en no conocer cómo funciona el sistema, sino en  
la incapacidad de interpretar sus acciones en términos significativos para  
2. El término hace referencia a la imposibilidad de comprender de manera exhaustiva los procesos mediante  
los cuales un sistema algorítmico complejo genera resultados decisionales, lo que compromete la trazabilidad  
requerida para la atribución de responsabilidad ética y jurídica.  
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la experiencia humana. Esa brecha semántica afecta directamente la capa-  
cidad de anticipación y de justificación de los operadores.  
El desfase se acentúa aún más en presencia de comportamientos  
emergentes. Los sistemas adaptativos, al integrar retroalimentación con-  
tinua y aprendizaje autónomo, generan respuestas inéditas que no remi-  
ten a ninguna intención humana explícita. En tal dinámica, el origen de  
la acción se traslada desde el sujeto humano hacia la lógica interna del sis-  
tema técnico. En consecuencia, se diluye el nexo entre decisión, intención  
y sujeto, es decir, se pierde el punto de anclaje que sostiene los marcos  
normativos basados en la imputabilidad individual. Lo que emerge es una  
agencia distribuida, no reducible a una entidad unitaria, lo que plantea  
desafíos conceptuales para una ética aún anclada en el sujeto racional.  
En ese escenario, adquiere plena relevancia la noción de “brecha  
de responsabilidad”, formulada como una desconexión estructural entre  
el agente y la acción. La imposibilidad de imputar responsabilidad moral  
no se explica por una falla accidental, sino por la delegación de decisiones  
con implicancias letales a sistemas autónomos que operan sin supervisión  
continua ni previsibilidad suficiente (Matthias, 2004). Frente a tal panora-  
ma, resulta inviable pensar en soluciones jurídicas o administrativas que  
simplemente redistribuyan la culpa. Se ha argumentado que la fractura  
entre delegación técnica y agencia moral constituye una aporía insoluble,  
en la que toda tentativa de atribuir responsabilidad queda frustrada por la  
ausencia de un agente deliberativo identificable (Danaher, 2016).  
A partir de lo anterior, se hace evidente que el paradigma antropo-  
céntrico de imputabilidad entra en crisis. El modelo clásico de responsa-  
bilidad, basado en intención individual, previsibilidad y control, resulta  
incompatible con sistemas algorítmicos cuyas decisiones no emergen de  
una subjetividad consciente ni de una secuencia causal gobernable. De  
hecho, se ha mostrado que dichos sistemas eluden los requisitos míni-  
mos para la aplicación del modelo kantiano de sujeto moral (List, 2021).  
De ello se desprende la urgencia de un giro conceptual. Así, se ha sos-  
tenido la necesidad de abandonar una ética centrada en el individuo ra-  
cional y adoptar un enfoque postantropocéntrico, capaz de concebir la  
agencia como cualidad emergente de estructuras sociotécnicas complejas  
(Coeckelbergh, 2020). En un marco semejante, la responsabilidad no pue-  
de atribuirse a un agente singular, sino que debe entenderse como una  
propiedad relacional distribuida entre distintos niveles de intervención  
humana y técnica.  
La crisis de imputabilidad se hace especialmente visible en el pla-  
no del encuentro ético con el otro. Desde la filosofía de Lévinas, se ha  
insistido en que el rostro del Otro constituye la interpelación ética por  
excelencia, una presencia que exige respuesta moral (Lévinas, 1969). Sin  
embargo, la mediación algorítmica elimina ese encuentro: la víctima de  
una decisión automatizada ya no aparece como un rostro humano, sino  
como un objeto codificado, una probabilidad estadística o una firma tér-  
mica. El resultado es un proceso de objetivación que reduce la alteridad a  
una variable operativa y anula la posibilidad de respuesta ética.  
Del mismo modo, la reducción de la alteridad afecta también al  
agente. Tal como se ha advertido, la acción política se constituye en un  
158  
Fernando A. Ramos-Zaga Insuficiencia estructural del control humano significativo en armas autónomas:  
fundamentos para una reorientación normativa post-antropocéntrica  
espacio compartido de pluralidad, donde los seres humanos interactúan  
como agentes libres (Arendt, 2018). La guerra algorítmica destruye ese  
espacio, sustituyendo la acción deliberativa por cálculo instrumental. El  
operador ya no actúa, sino que ejecuta protocolos; ya no delibera, sino  
que calibra parámetros. En ese tránsito, el sujeto desaparece como agente  
ético, subsumido en una lógica que privilegia la eficiencia por sobre la  
deliberación.  
Este fenómeno ha sido descrito como el triunfo de la racionalidad  
instrumental, es decir, una forma de acción guiada exclusivamente por  
la optimización de medios (Habermas, 1984). En la distinción entre “sis-  
tema” y “mundo de la vida”, el primero coloniza al segundo e impone su  
lógica sobre ámbitos previamente sustentados en la generación de senti-  
do intersubjetivo. Las armas autónomas operan dentro de ese dominio  
sistémico, colonizando el espacio militar y configurando un paradigma  
donde la compasión, el juicio y la responsabilidad quedan subordinados a  
la eficiencia algorítmica.  
La consecuencia es una forma radical de alienación. Los agentes  
humanos se ven desplazados por procesos técnicos que no comprenden  
ni controlan, de modo que en lugar de ejercer juicio moral simplemente  
ajustan parámetros y cumplen funciones. Esa dinámica refleja la consu-  
mación de una tendencia más amplia: la instrumentalización de lo hu-  
mano por la técnica. En tal contexto, la ética tradicional no solo resulta  
insuficiente, sino conceptualmente desfasada.  
De lo anterior se desprende que la brecha de responsabilidad no  
puede cerrarse mediante reformas jurídicas ni con mejoras en la supervi-  
sión técnica. Se trata, más bien, de una aporía estructural que exige una  
revisión profunda de los marcos normativos y ontológicos con los que  
se ha concebido la responsabilidad. En este horizonte, el siguiente paso  
requiere una reconceptualización filosófica del control, orientada hacia  
formas anticipatorias de certificación, rediseños éticos de los sistemas y  
esquemas robustos de atribución distribuida. Solo una transformación in-  
tegral permitirá recuperar un horizonte de legitimidad moral en escena-  
rios donde la decisión humana ha sido desplazada por la automatización  
técnica.  
5 RECONCEPTUALIZACIÓN NORMATIVO-FILOSÓFICA DEL CONTROL  
La consolidación de una ética de la certificación significativa en el  
contexto de los sistemas autónomos letales constituye uno de los desafíos  
más urgentes y complejos para la filosofía moral contemporánea, en par-  
ticular para la bioética en su vertiente tecnopolítica. En lugar de limitarse  
a marcos normativos centrados en la intervención reactiva o situacional,  
resulta imprescindible avanzar hacia una transformación estructural que  
reformule la supervisión ética de los sistemas automatizados, desplazan-  
do el eje desde el control humano inmediato hacia una responsabilidad  
anticipada, distribuida e integrada de manera sistémica. Desde una pers-  
pectiva crítica, la reevaluación de nociones como agencia, dignidad y res-  
ponsabilidad no puede restringirse al plano conceptual, sino que debe  
proyectarse en su aplicabilidad institucional y tecnológica.  
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estudos internacionais • Belo Horizonte, ISSN 2317-773X, v. 13, n. 2, (jun. 2025), p. 149-165  
El paradigma dominante del control humano significativo, sustenta-  
do en fórmulas como human-in-the-loop o human-on-the-loop, ha presumido  
durante años que la proximidad temporal entre el ser humano y la acción  
letal garantiza la supervisión moral. Sin embargo, dicha presunción se de-  
muestra insuficiente cuando se somete a un análisis técnico y normativo ri-  
guroso. La aceleración propia de los entornos algorítmicos reduce drástica-  
mente los márgenes de intervención, imposibilitando la toma de decisiones  
reflexiva en tiempo real. De acuerdo con la evidencia empírica, limitaciones  
como la latencia perceptual, la sobrecarga cognitiva y la no linealidad del  
comportamiento sistémico restringen la efectividad de la supervisión (M.  
M. Cummings, 2014). A ello se añade el sesgo de automatización, según el  
cual los operadores tienden a aceptar de manera acrítica las recomendacio-  
nes de los sistemas, incluso cuando contradicen la información disponible  
(Skitka et al., 1999). Por tanto, vincular la agencia moral únicamente con la  
inmediatez temporal no solo resulta falaz desde un punto de vista filosófi-  
co, sino también impracticable en términos operativos.  
Frente a tales limitaciones, la certificación significativa se configu-  
ra como una alternativa epistemológica y normativamente más sólida.  
El objetivo no consiste en eliminar la supervisión humana, sino en re-  
distribuirla de manera anticipatoria a lo largo del ciclo de vida del siste-  
ma, incorporando evaluaciones éticas ex ante que establezcan umbrales  
de aceptabilidad moral antes del despliegue operativo. En esta línea, la  
certificación actúa como un mecanismo de orquestación moral en el que  
convergen la ingeniería ética, la evaluación legal y la deliberación política  
(Winfield; Jirotka, 2018). De esta manera, la anticipación adquiere un ca-  
rácter no solo técnico, sino también axiológico, puesto que implica definir  
desde el diseño cuáles conductas resultan moralmente tolerables y cuáles  
deben quedar descartadas.  
La certificación supera, por tanto, la mera conformidad regulato-  
ria. Mientras el cumplimiento legal suele adoptar un carácter formal,  
reactivo e incluso insuficiente, la certificación supone la configuración  
activa de valores en el sistema, mediante simulaciones éticas, algoritmos  
limitadores y validaciones orientadas por principios normativos. De este  
modo, la autoría moral no se diluye, sino que se reformula como una  
práctica distribuida, en la que cada etapa del ciclo, tales como diseño,  
implementación y evaluación, comporta responsabilidades diferenciadas,  
aunque interdependientes.  
Sobre esta base, resulta fundamental identificar tres imperativos éti-  
cos que estructuren cualquier desarrollo de sistemas autónomos letales.  
En primer lugar, la preservación de la agencia debe asumirse como un  
nexo intencional irreductible. La acción moral requiere la existencia de  
una intención atribuible a un sujeto que pueda comprender, deliberar y  
responsabilizarse de sus actos. Cuando la automatización diluye esta inten-  
cionalidad mediante abstracción procedimental o delegación algorítmica,  
se erosiona la base misma de la responsabilidad moral (Anscombe, 1957).  
En términos más contemporáneos, la agencia puede entenderse como una  
capacidad situada de intervención con sentido (Bennett, 2005), de modo  
que todo diseño que impida rastrear la autoría humana de las decisiones  
incurre en una irresponsabilidad estructural éticamente inaceptable.  
160  
Fernando A. Ramos-Zaga Insuficiencia estructural del control humano significativo en armas autónomas:  
fundamentos para una reorientación normativa post-antropocéntrica  
En segundo lugar, el respeto a la dignidad humana debe asumirse  
como un límite ontológico ineludible. No se trata de un mero atributo  
legal, sino de una condición constitutiva del ser moral. Desde una pers-  
pectiva kantiana, la dignidad radica en la capacidad de autolegislación  
racional, lo que prohíbe tratar a los individuos como medios para fines  
externos (Kant, 1996). Así, cualquier sistema que habilite la supresión  
de vidas humanas sin mediación moral transgrede este principio de ma-  
nera radical. En esta dirección, se ha defendido la necesidad de un “di-  
seño con dignidad” que integre restricciones morales no negociables en  
la arquitectura misma de los sistemas (Sparrow, 2016). El objetivo, por  
tanto, no consiste únicamente en prevenir abusos, sino en garantizar  
que la dignidad permanezca inviolable incluso en escenarios de auto-  
matización extrema.  
Así, la atribución clara y distribuida de la responsabilidad constitu-  
ye un imperativo ético decisivo. La complejidad de los sistemas tiende a  
diluir la culpa y a dispersar la rendición de cuentas, lo que exige instau-  
rar un modelo de responsabilidad estructurada que defina obligaciones  
específicas en cada etapa del ciclo de vida del sistema (Floridi; Cowls,  
2019), el cual debe institucionalizarse mediante mecanismos verificables  
de transparencia, auditabilidad y exigibilidad jurídica, de manera que la  
responsabilidad no quede reducida a un plano retórico, sino que se tradu-  
zca en prácticas concretas capaces de responder por los efectos generados.  
Con base en lo anterior, resulta pertinente articular un marco pos-  
t-MHC compuesto por tres dimensiones temporales: la anticipación ética  
en el diseño, los límites operativos en la implementación y la trazabili-  
dad moral en la fase posterior al despliegue. Dichas dimensiones, aun-  
que diferenciadas, convergen en la aspiración de reconstruir la agencia  
humana en contextos crecientemente automatizados. La dimensión ex  
ante implica incorporar, desde la génesis del sistema, criterios normativos  
que orienten su comportamiento futuro, lo que requiere la cooperación  
interdisciplinaria capaz de traducir principios éticos en restricciones fun-  
cionales y líneas de código (Taddeo; Blanchard, 2022).  
Asimismo, durante la implementación se deben establecer límites  
operativos que prevengan desvíos moralmente problemáticos, ya sea me-  
diante zonas de exclusión, umbrales de validación o mecanismos inter-  
nos de autorregulación, como los denominados “gobernadores éticos”  
(Arkin, 2009). No obstante, dichos mecanismos solo resultan legítimos si  
los operadores humanos conservan siempre una capacidad real de anula-  
ción. Por otro lado, la dimensión ex post requiere sistemas de trazabilidad  
que permitan reconstruir las cadenas de decisión, identificar responsables  
y generar aprendizajes para nuevas iteraciones. Dicho propósito demanda  
no solo registros técnicos, sino también herramientas de inteligencia ar-  
tificial explicable, auditorías independientes y estructuras institucionales  
adaptativas (Wood, 2024).  
En definitiva, el modelo post-MHC no pretende erradicar la agen-  
cia humana, sino reconstruirla en condiciones de creciente complejidad  
técnica. Dicha reconstrucción debe ser ética, robusta y distribuida, de  
manera que preserve la integridad moral de la acción colectiva incluso  
cuando se medie por tecnologías altamente autónomas. No se trata de  
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estudos internacionais • Belo Horizonte, ISSN 2317-773X, v. 13, n. 2, (jun. 2025), p. 149-165  
sostener una ilusión de control, sino de reconfigurar las condiciones de  
posibilidad para una agencia deliberativa, responsable y, en última instan-  
cia, genuinamente humana.  
6 CONCLUSIONES  
El análisis realizado confirma que el marco antropocéntrico clásico  
ha perdido eficacia como fundamento normativo ante la creciente auto-  
nomía de los sistemas de armas letales. El desplazamiento ontológico pro-  
ducido por la automatización del conflicto no puede reducirse a una mera  
sofisticación técnica, sino que inaugura nuevas formas de agencia cuya  
opacidad desafía los esquemas normativos convencionales. El concepto  
de control humano significativo, aunque reiterado en diversos foros regu-  
latorios, parece responder más a una necesidad simbólica que a una viabi-  
lidad práctica. Desde esta perspectiva, la legitimidad ética de los entornos  
bélicos automatizados no puede mantenerse sin una revisión estructural  
de los marcos valorativos que justifican el uso de la fuerza.  
El andamiaje teórico aquí propuesto introduce tres aportaciones  
decisivas para la ética de la tecnología. En primer lugar, la noción de  
brecha de responsabilidad permite problematizar la desconexión entre  
agencia técnica y responsabilidad moral como un problema estructural,  
no meramente resoluble mediante ajustes jurídicos. En segundo lugar,  
se propone el modelo de certificación significativa, que desplaza el foco  
desde la supervisión puntual hacia formas de responsabilidad anticipada  
e inscrita desde el diseño. Finalmente, se formulan tres principios éticos  
ineludibles, cuya función no es meramente declarativa sino operativa: la  
preservación de la agencia intencional, la inviolabilidad de la dignidad  
humana como límite ontológico y la asignación distribuida de responsa-  
bilidad. Estas premisas configuran un marco normativo integral frente a  
los desafíos éticos de la automatización letal.  
La dimensión aplicada del marco planteado requiere reestructura-  
ciones institucionales y metodológicas sustanciales. La incorporación de  
equipos transdisciplinarios desde el diseño inicial de los sistemas permiti-  
ría que las restricciones normativas se traduzcan en arquitecturas funcio-  
nales concretas. Paralelamente, se demanda la adopción de protocolos de  
evaluación ética ex ante, con énfasis en simulaciones moralmente sensi-  
bles y trazabilidad de decisiones técnicas. Estas transformaciones no pue-  
den depender de iniciativas fragmentarias. Resulta imperativo avanzar  
hacia marcos regulatorios internacionales con fuerza vinculante, capaces  
de unificar criterios de certificación ética y evitar disonancias normativas  
que pongan en riesgo la gobernanza efectiva de estas tecnologías.  
Los hallazgos invitan a una agenda investigativa abierta y plural.  
En el plano teórico, se requiere profundizar en la articulación entre agen-  
cia distribuida y responsabilidad colectiva, sin incurrir en esquemas que  
diluyan la rendición de cuentas individual. La filosofía moral enfrenta el  
desafío de construir una ética post-antropocéntrica con capacidad pres-  
criptiva, sin recurrir a formas de relativismo que neutralicen su eficacia  
normativa. Desde un enfoque empírico, urge el desarrollo de metodo-  
logías que operacionalicen la certificación significativa en escenarios  
162  
Fernando A. Ramos-Zaga Insuficiencia estructural del control humano significativo en armas autónomas:  
fundamentos para una reorientación normativa post-antropocéntrica  
tecnológicos concretos. Finalmente, se impone una reflexión política de  
corte comparativo que identifique modelos exitosos de gobernanza algo-  
rítmica, con el fin de extrapolar aprendizajes al dominio de la automati-  
zación militar.  
El debate sobre sistemas autónomos letales desborda su especifici-  
dad técnica para convertirse en un punto de inflexión filosófico. La au-  
tomatización de la violencia obliga a reconsiderar las condiciones bajo  
las cuales puede sostenerse una ética de la responsabilidad en contextos  
de mediación tecnológica extrema. La guerra algorítmica no solo plan-  
tea riesgos operativos, sino que expone una tensión más profunda entre  
racionalidad instrumental y juicio moral, que recorre otras esferas del  
presente. En ese marco, los conceptos elaborados para abordar la autono-  
mía bélica ofrecen un potencial heurístico relevante para pensar la auto-  
matización en educación, salud, justicia o gestión ambiental. La defensa  
de la agencia humana, por tanto, no implica una negación nostálgica del  
progreso técnico, sino una afirmación crítica de su orientación ética.  
Declaración sobre el uso de IA generativa  
En la elaboración de este manuscrito es usó GPT en su versión 4o  
para poder corregir errores de redacción, tipográficos. Se aseguró que los  
resultados mantengan el tono e intención del autor.  
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